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20 enero 2017

DIOS ES DIOS



Daniel 4:37  Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.

“¿Dónde está nuestra fe? Dios me ha presentado el caso de Nabucodonosor. El Señor manifestó su poder para lograr que el rey más poderoso de la tierra lo reconociese como Rey sobre todos los reyes. Obró sobre la mente del orgulloso rey hasta que Nabucodonosor lo reconoció como el “Altísimo”, “cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades”. (El evangelismo, 69).

Los aplausos y los reconocimientos por los logros alcanzados pueden llegar a producir en el joven y la señorita la falsa visión de que todo lo que se logró se hizo por causa de sus habilidades, carisma, personalidad, fortaleza, constancia y vigor. Sin embargo, hay un Dios en los cielos que brinda todos esos dones a quien Él desea y es nuestro deber reconocerlo.

Dios es poderoso para levantar y humillar. Recordemos que Dios al humillar al ser humano, no lo hace como un acto de maldad, sino por amor, para que reconozca que fue Él quien hizo todo para que ese hombre o mujer lograra esos objetivos. Dios es quien trabaja con los hombres para avanzar en el crecimiento a favor de otros.

Reconocer la presencia de Dios y la labor de su Santo Espíritu en ti y en mi cuando hacemos obras de bien para los demás, es reconocer que somos siervos de Dios. Lo importante es estar en la atmósfera en la que Él puede Influir sobre ti y sobre mi. Todo don perfecto viene de Dios. Dios es quien debe recibir la gloria de todo cuanto hacemos bien.

Nabucodonosor reconoció esto después de múltiples experiencias, entre ellas, la última que está registrada en el capítulo 4 del libro de Daniel, la que lo humilló hasta reconocer la majestad del Creador. Hoy seamos dóciles tu y yo en reconocer al Dios de los cielos como amo y Señor de nuestras vidas.



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