25 julio 2016

UN CORAZÓN DE CARNE



Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26.

“Más aún, Cristo cambia el corazón, y habita en el vuestro por la fe. Debéis mantener esta comunión con Cristo por la fe y la sumisión continua de vuestra voluntad a El. Mientras lo hagáis, El obrará en vosotros para que queráis y hagáis conforme a su beneplácito. Así podréis decir: “Aquella vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó, y se dio a sí mismo por mí.” Así dijo el Señor Jesús a sus discípulos: “No sois vosotros quienes habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.” De modo que si Cristo obra en vosotros, manifestaréis el mismo espíritu y haréis las mismas obras que El: obras de justicia y obediencia”. Camino a Cristo, 63.    

Pero ¿Cuáles son las características de un corazón de piedra?, quizás la respuesta de esta pregunta no importe tanto como cuales son las características de un corazón de carne. Según Elena de White, es un corazón en el que Cristo está presente. Es tener a Jesús en nuestros pensamientos constantemente.

También es una constante el pensar en estar sometido a la voluntad de Dios, esto implica por ende, el conocer la Palabra de Dios. Es un corazón sumiso.


Por otro lado se señala que es un corazón de fe. Un corazón que confía en el Señor y lo sigue por dondequiera que va. La respuesta inmediata del alma que lucha en esta tierra es: “¡Qué lejos estoy de este ideal! ¡Cuánto me falta!”. Pero esta exclamación no llena de fe y fuerza sino de desánimo; lo mejor es abandonarse a Jesús. No mirarse uno mismo sino contemplar al Rey de reyes para que nos transforme de gloria en gloria, y así andemos de victoria en victoria.

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