31 julio 2016

ES PRÁCTICO



Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Ezequiel 36:25.

“En el trabajo no seáis perezosos”. Estas palabras se cumplirán en la vida de todo verdadero cristiano. Aunque el trabajo les parezca penoso, pueden ennoblecerlo por la forma en que lo hagan. Háganlo como para el Señor. Háganlo animosamente y con dignidad celestial. Son los principios nobles de acuerdo con los cuales se hace el trabajo, los que lo tornan totalmente acepto a la vista del Señor. El verdadero servicio liga al más humilde de los siervos del Señor en la tierra con el más encumbrado de sus siervos en las cortes celestiales”. Mensaje para los jóvenes, 51.

El cambio de corazón, el que seamos limpiados de nuestras inmundicias va más allá de “sentir” un arrobamiento espiritual. Va más allá de “sentir” un acercamiento a Dios; es tener la disposición de vivir cada hora con el Señor, en servicio, haciendo las cosas como para Cristo Jesús, y no como para los hombres.

El trabajo diario nos ayudará a dejar de lado a nuestros ídolos. Primero el deber, luego el placer; esa debe ser nuestra constante motivación. Debemos estar identificados con el trabajo, y hacerlo con alegría y dignidad. Debemos desarrollar un espíritu de alegría para elevar la mente de los demás hacia Cristo mientras desarrollamos nuestros deberes diarios.


El ser limpiados de nuestras inmundicias es una obra que hace el Señor, pero que vivimos nosotros al entregarnos al trabajo productivo que honre a Dios, así como a la convivencia digna y llena de alegría. Hoy no perdamos el enfoque. Una vida de trabajo y alegría es la evidencia del lavamiento diario del Señor.

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