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22 junio 2016

UN GRANO DE ARENA



Isaías 47:8 “Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad”.

“La historia de las naciones nos habla a nosotros hoy. Dios asignó a cada nación e individuo un lugar en su gran plan. Hoy los hombres y las naciones son probados por la plomada que está en la mano de Aquel que no comete error. Por su propia elección, cada uno decide su destino, y Dios lo rige todo para cumplir sus propósitos” (Profetas y reyes, 393).

Dios está al timón. Su voluntad trasciende a las voluntades, errores y aparentes aciertos de gobiernos y hombres. Tú y yo figuramos en su gran plan. Sus propósitos se cumpliran contigo y conmigo o sin nosotros, pero se cumpliran.

¡Qué magnífica perspectiva! Dios cuenta contigo para ser una pieza clave en su delicado diseño de salvación. Sin embargo, nuestro texto de hoy describe la actitud de una nación que se sintió todopoderosa, de una nación que creyó que toda su influencia se debía a su propia fuerza y habilidad. ¿No será que esa descarriada creencia nos está nublando la visión?

Recuerda, Dios te está dando el privilegio de formar parte de su visión del futuro; decidamos ser parte de esa visión, cumplamos la misión que se nos ha encomendado; y esa misión está claramente escrita en los dones que Dios te ha concedido. Cuando creas que tu inteligencia y recursos, tu influencia y poder, tus habilidades y talentos, son solamente tuyos, es hora de caer de rodillas y reconocer que solo somos un insignificante grano de arena frente a la creación de un Dios totalmente trascendete.

Dios quiere cumplir su visión, y cuenta con cada “grano de arena” que quiera cumplir su misión. Todo lo bueno que hay en ti, viene de Dios, recuérdalo. Hoy analicemos cuales son nuestros dones, y pongámolos al servicio del gran Señor del Universo.

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