27 junio 2016

EL MENSAJERO




“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. Jeremías 1:5

“Dios les rogó que no lo provocaran a ira con la obra de sus manos y de sus corazones; pero “no me habéis oído”, dijo. Entonces Jeremías vaticinó la cautividad de los judíos, como castigo por no obedecer la palabra del Señor. Los caldeos serían utilizados como instrumentos de Dios para castigar a su pueblo desobediente. Su disciplina estaría en proporción a su inteligencia y a las advertencias que despreciaron”. (Recibiréis Poder, 269).

Resulta difícil dar un mensaje negativo a un ser humano. Me imagino que es un tanto más sencillo cuando Dios encomienda dar un mensaje negativo a alguien, ya que el mensaje llega de Dios, a través de un profeta; así se sabe que la fuente es totalmente cierta ya que proviene del Altísimo. Sin embargo, el lado humano puede llegar a sentirse mal de enviar la reprensión. Aun, por hacer la voluntad de Dios, puede verse expuesto a diversas injusticias de parte de quienes reciben el mensaje de reprensión.

Ese fue el caso de Jeremías. Dios lo escogió para cumplir una misión, y él la cumplió a pesar de sus propias tendencias humanas y temores personales. Dios lo envió y Jeremías obedeció. Fue un ministerio muy difícil, pero fue y cumplió con su misión, que es parte de la gran misión que Dios nos encomendó.


Una pregunta filosófica es ¿quién soy?, la cual es interesante de contestar; pienso que la pregunta anterior debe ser ¿qué hago aquí?. De ella se desprende: ¿Cuál es mi misión? ¿Para qué Dios me formó en el vientre de mi madre?. Como sea, todos compartimos una misma macro misión: Ir a todas las naciones llevando el mensaje y haciendo discípulos y bautizando. Pero cada uno tiene una micro misión que encaja perfectamente en la macro misión. Revisa tus dones y talentos.

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