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24 junio 2016

DIOS ES EL DUEÑO



Isaías 60:2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.

“Dios tiene un pueblo en el cual todo el cielo está interesado, y dicho pueblo es el único objeto de esta tierra que sea precioso para el corazón del Señor. Todos los que lean estas palabras denles atenta consideración, porque en el nombre de Jesús yo quisiera grabarlas en cada alma. Cuando se levanta alguien, de entre nosotros o de afuera, que siente la preocupación de proclamar un mensaje que declara que el pueblo de Dios forma parte de Babilonia, y asevera que el fuerte pregón es un llamamiento a salir de ella, podéis saber que no proclama el mensaje de la verdad. No lo recibáis, ni le digáis “¡Bienvenido!”, porque Dios no habla por medio de él, ni le dio mensaje alguno; él corrió antes de ser enviado” (La iglesia remanente, 57)

Hay situaciones netamente humanas que pueden llegar a desanimar a algunos. Hechos que afectan a unos u otros en el caminar de la vida cristiana. Pero ese es el lado humano, y no debemos pensar que toda la iglesia es así.

La iglesia es el pueblo de Dios en esta tierra, y aunque está compuesta de trigo precioso, también tiene en medio de ella plantas de hierba mala. Muchos, cuando ven situaciones que les causan perplejidad optan por decir que la iglesia está por mal camino y se ha convertido en una Babilonia apóstata, pero no es así.

Están igual que los labradores siervos del dueño de la mies, que dicen “¿No sembramos buena semilla? ¿porqué hay yerba mala?”, y el Señor responde: “Mi enemigo vino de noche y plantó esta hierba mala”. Recuerda, Dios pone orden, no temas.

El Señor quiere convertir esa hierba mala en trigo precioso. Ese es el milagro diario que Cristo va haciendo de corazón en corazón, cambiando el de piedra por uno de carne que sea dócil a su voluntad. No albergues el pensamiento de que la iglesia ya no es el pueblo de Dios. Dios está al timón de este pueblo y el dará su voz para poner orden en medio de sus filas. Tú persevera y concéntrate en las maravillosas bendiciones que ya has recibido del Todopoderoso. Cultiva una vida de oración y pon a trabajar tus dones a favor del reino de los cielos.



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