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20 junio 2016

DIOS CUIDA DE SU PUEBLO



Isaías 43:2 “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.

“No hay motivo para dudar, ni temer que la obra fracase. Dios está al frente de ella y dirigirá todas las cosas. Si hay asuntos que necesitan enmienda en la dirección de la obra, Dios atenderá eso y corregirá los errores. Tengamos fe en que Dios conducirá el noble barco que lleva su pueblo hasta el puerto de seguridad”. (Maranata, el Señor viene. 127)

Mamá falleció a los 83 años, y durmió esperando la venida del Señor, la misma que escuchó anunciada por su padre desde que nació. ¿Cuanto faltará? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que pronto el Señor se manifestará en las nubes de los cielos.

Mientras este extraordinario acontecimiento llegue, debemos ser constantes es llevar el evangelio, pero de manera organizada. No dudes que la obra del Señor va a desaparecer o fracasar. Muchos entrarán y saldrán, pero este barco continuará. Recuerda que Dios escribe derecho en renglones torcidos. Dios pone orden en el desorden. No temas, que Dios es justo y piadoso.

Dios no dejará que su pueblo se arruine, porque es el objeto de su supremo cuidado en esta tierra. Y ahora te doy una buena noticia, tú eres parte de ese pueblo. Es hora de que tomes la armadura de la fe y asumas tu rol en el gran conflicto. Es cierto, hay una batalla personal, pero no te concentres solamente en ella, sino, lucha la batalla por esparcir la esperanza de que Cristo vuelve.

Estudia con otros, vence tu vergüenza, busca los medios de llevar el mensaje. Usa tu influencia y tus oportunidades para decirles a otros que Cristo es misericordioso y que intercede por sus hijos en el santuario celestial.

Que Dios nos de la inteligencia, el vigor y la constancia para seguir siendo sus mensajeros. Por otro lado, si ves defectos en el pueblo o en el “sistema”, no temas, se asertivo y colabora con la solución, ora por quienes nos preciden. Pero si aun así no hay aparente cambio, deja que Dios ponga orden. Esta embarcación no se hundirá porque Dios mismo está al timón.

Dios nos de corazón dócil y decidido para esparcir su Palabra. 

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