14 febrero 2016

EN DEPENDENCIA



Esther 2:17 “Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti”. 

“El Señor preveía los tiempos dificultosos que iban a seguir durante el reinado de Jerjes, el Asuero del libro de Ester, y no sólo obró un cambio en los sentimientos de los hombres que ejercían autoridad, sino que inspiró también a Zacarías para que instase a los desterrados a que regresasen” (Profetas y reyes, 440).

Una vez alguien dijo: “¿acaso crees que todos te tienen que tratar bien por tu linda sonrisa?”. Cuando me comentaron aquel incidente, pues me quedé admirado. La sonrisa de aquella mujer era capaz de venderle un helado a un oso polar, pero siempre habrá gente que no se la conquista con una linda sonrisa.

Y es que no todo depende de la chispeante personalidad, o del atractivo de las personas, sino del Señor. Ester era bella, pero si el Señor no hubiese ablandado el corazón del rey, pues simplemente no tendríamos la historia bíblica como se la conoce.

Recuerdo bien las ocasiones en que tenía dominado mi tema, antes de salir a predicar, y luego, algo pasó. En plena disertación no lograba ponerme en sintonía con el auditorio y este quedaba aburrido.

¿Qué pasó? Exceso de confianza propia. Vamos a darle a Dios su lugar. Ester fue bella pero eso no fue su arma para lograr ser una mujer en las manos de Dios, sino su consagración y dependencia del Todopoderoso.


Hoy, aunque tengamos toda la capacidad del mundo, vivamos en dependencia de Dios y Él hará SUS maravillas…

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