12 enero 2016

SEAMOS BUENOS MAYORDOMOS (SP)



1 Crónicas 29:14  “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”.


“Espero que Dios les dé prosperidad.  Si nos sometemos a su cuidado y buscamos su aprobación, tendremos buen éxito doquiera estemos y no importa qué hagamos.  Sin la bendición de Dios, la mayor prosperidad dejará de ser éxito.  Nuestra primera preocupación debiera ser tratar de conseguir que Dios sea nuestro amigo.  "Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo" (Isa. 27: 5)” (Cada día con Dios, 368).

David tenía mucha seguridad en la misericordiosa bondad y dadivosidad de Dios y es que esta declaración es elemental y básica para ubicarnos como mayordomos del Señor en esta tierra. Dios nos da sus abundantes bendiciones para devolverlas a él mismo y reconocer de este modo su soberanía sobre nuestras vidas.

Dios da a quien administra mejor sus bienes. Pero dentro de toda administración eficaz no hay que olvidar el devolver el diezmo del Señor, en segundo lugar, cubrir las necesidades de la iglesia, ya sea en infraestructura o en las necesidades personales de los hermanos (aquí hay que hacer la salvedad que ayudar también consiste en invertir en educación para que los hermanos pobres hagan microempresa), y luego las necesidades de la gente que nos necesite (prójimos).

Hoy seamos personas que impacten por una mayordomía humilde frente al trono de la gracia. Frente al dador de todo.



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