25 octubre 2015

PERFECCIÓN




1 Reyes 8:61 “Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy”.

“Después de haber sido uno de los mayores reyes que hayan empuñado un cetro, Salomón se transformó en licencioso, instrumento y esclavo de otros. Su carácter, una vez noble y viril, se trocó en enervado y afeminado. Su fe en el Dios viviente quedó suplantada por dudas ateas. La incredulidad destruía su felicidad, debilitaba sus principios y degradaba su vida. La justicia y magnanimidad de la primera parte de su reinado se transformaron en despotismo y tiranía. ¡Pobre y frágil naturaleza humana! Poco puede hacer Dios en favor de los hombres que pierden el sentido de cuánto dependen de él” (Profetas y reyes, 41, 42).

Cuando las cosas nos van muy bien es más fácil olvidarnos de quienes somos realmente. Olvidamos nuestros orígenes y comenzamos a soñar en base a nuestros propios logros humanos.

Somos seres humanos llenos de defectos y los momentos en que más alertas debemos estar (pero no siempre es así) son los momentos de paz y sosiego, porque podernos llegar a creer que estamos donde estamos por nuestras propias decisiones y fuerzas.

La verdadera seguridad radica en andar en los estatutos de Dios y guardar sus mandamientos. Aunque parezca que por ser fieles al Señor, andamos en valle de sombra de muerte, no temeremos porque aun allí su vara y callado te darán gran aliento.

Hoy seamos perfectos delante de Dios.

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