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07 octubre 2015

OIDORES DE DIOS




1 Samuel 3:10  Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

“Otra advertencia había de ser dada a la casa de Elí.  Dios no podía comunicarse con el sumo sacerdote ni con sus hijos; sus pecados, como densa nube, excluían la presencia del Espíritu Santo.  Pero en medio de la impiedad el niño Samuel permanecía fiel al Cielo, y fue comisionado, como profeta del Altísimo, para dar el mensaje de condenación a la casa de Elí”. (Patriarcas y profetas, 629).

Eli estaba tan coludido de manera pasiva con el pecado de sus hijos que estaba fuera de lugar completamente en su relación con Dios. Dios es un Dios celoso, que no pasa por alto el pecado, sino que manda mensajes de advertencia al descarriado para que se arrepienta, pero si este no puede ya escuchar la voz de Dios le enviará un mensaje directo. Pero si esto aun no fuera suficiente, entonces el castigo llegará.

Esto es peor cuando el impío es un dirigente del pueblo de Dios. En este caso las consecuencias serán más terribles.

Pero no nos concentremos solo en las consecuencias, sino en las oportunidades que Dios brinda al pecador. El pequeño Samuel fue el nexo para llegar a Eli, porque este ya había cerrado los canales de comunicación.

Hoy desempeñaremos un rol. El de Eli o el de Samuel. O ser condenados o ser eslabones de gracia. O ser sordos o ser oidores. Hoy decidamos.

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