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06 octubre 2015

MAMA, PAPA




1 Samuel 1:15  “Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová”.

“¡Cuán grande fue la recompensa de Ana! ¡Y cuánto alienta a ser fiel el ejemplo de ella!  A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos.  El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa.  La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón.  A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevarán a las gloriosas alturas celestiales”. (Patriarcas y profetas, 618).

El Dr. Dobson tiene un libro titulado “se padre no es para cobardes”. Y es cierto. El ser padre o madre exige renuncia para proyectarse hacia sus hijos.

Cuando somos adolescentes aun no estamos preparados para llevar a delante una relación como el matrimonio porque aun estamos en proceso formativo.

Recuerden amigos, ser padre y madre exige las habilidades y disciplina de Ana, quien se esmeró para prepara a Samuel para ser un servidor del Señor. Esa es la perspectiva de ser padre. Es decir. Alguien preparando a otro ser humano para ser también un habitante del cielo.

Ana fue una mujer de fe que recibió el don de un hijo y lo preparó para el Señor. Hoy recibiremos muchos dones, no olvidemos de quien vino y para quien debe ser dedicado.


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