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24 octubre 2015

HUMILDAD A TODA PRUEBA




1 Reyes 3:9  “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”

“Mientras permanezca consagrado, el hombre a quien Dios dotó de discernimiento y capacidad no manifestará avidez por los cargos elevados ni procurará gobernar o dominar. Es necesario que haya hombres que lleven responsabilidad; pero en vez de contender por la supremacía, el verdadero conductor pedirá en oración un corazón comprensivo, para discernir entre el bien y el mal” (Profetas y reyes, 21).

Cierta vez escuché un comentario despectivo sobre cierta persona: “se subió a un ladrillo y se mareó”. Este comentario se hizo en torno a los efectos que produjo darle cierta autoridad a la persona en cuestión.

Otra frase que escuché reza así: “¿Quieres conocer a una persona? Entonces dale poder”. Y es que cuando ejercemos dominio y funciones de liderazgo, el ser humano común brinda toda clase de servicios y deferencias al líder, muchos de manera honesta y sincera, pero otros solo para llegar a obtener algo a cambio. Como sea, el líder puede llegar a creer que es tan fabuloso como dicen que es, y cuando esto ocurre, la persona puede olvidarse del porque Dios permitió que esté donde está.

Salomón nos enseña en su experiencia la gran necesidad de sabiduría y comunión con el Señor que requieren los que llevan grandes responsabilidades. Si somos personas que ejercemos influencia sobre los demás, necesitamos caer de rodillas ante el Señor y suplicar su dirección y sabiduría a fin de que solo Él sea glorificado.

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