18 septiembre 2015

Y… ¡CAYERON!



Josué 6:5  “Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.”

“Las murallas macizas de piedra sólida parecían desafiar el asedio de los hombres.  Los que vigilaban en las murallas observaron con temor creciente, que cuando terminó la primera vuelta, se realizó la segunda, y luego la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta. ¿Qué objeto podrían tener estos movimientos misteriosos? ¿Qué gran acontecimiento estaría a punto de producirse?  No tuvieron que esperar mucho tiempo.  Cuando acabó la séptima vuelta, la larga procesión hizo alto.  Las trompetas, que por algún tiempo habían callado, prorrumpieron ahora en un ruido atronador que hizo temblar la tierra misma.  Las paredes de piedra sólida, con sus torres y almenas macizas, se estremecieron y se levantaron de sus cimientos, y con grande estruendo cayeron desplomadas a tierra en ruinas.  Los habitantes de Jericó quedaron paralizados de terror, y los ejércitos de Israel penetraron en la ciudad y tomaron posesión de ella”. (Patriarcas y profetas, 523, 524).

Este era un acto de fe. Nadie en su sano juicio le daría vueltas a una vez al día por seis días y el sétimo día siete vueltas y al terminar, al sonido de trompetas y gritos, esperar que las paredes cayesen. Esa fue la realidad de la toma de Jericó. Aquella ciudad con murallas amenazantes. Aquella ciudad cuyas dimensiones había inspirado terror a aquellos cobardes y murmuradores diez espías.

Los hombres dudaron y se condenaron a andar en el desierto cuarenta años, pero Dios tenía que demostrar lo que pudo haber acontecido en aquella ocasión si hubieran tenido fe.

No era una batalla de fuerza, ciencia o espadas, era una batalla de fe. El pueblo de Israel debía permanecer fiel y firme en obediencia al Rey de Reyes. Ahora estaban dando vueltas y lo hicieron obedientemente, luego tocaron las trompetas y lo hicieron obedientemente y luego gritaron conforme la indicación,  y el muro de aquella inexpugnable ciudad cayó.

¿Cuáles son las murallas que te atemorizan? ¿Crees que no caerán?, entonces obedece las indicaciones de Dios, camina en su presencia diariamente y el séptimo día obedece a Jehová con todas sus fuerzas. Si le amas, guarda sus mandamientos y luego verás, que habiendo buscado el reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá por añadidura, aun la caída de aquellas barreras infranqueables que te detienen. Avanza por fe.


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