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12 septiembre 2015

ROBANDO A DIOS


Deuteronomio 5:19  “No hurtarás.”

“Queridos jóvenes, lo mejor que podéis hacer es alistaros voluntaria y decididamente en el ejército del Señor.  Entregaos en las manos de Dios, que vuestra voluntad y vuestros caminos sean guiados por Aquel que es infalible en sabiduría e infinito en bondad.  No entregaros a Dios, es robar a Dios lo que le pertenece.  El Señor tiene necesidad de vosotros y vosotros necesitáis del Señor.  No es seguro que pospongáis el paso decisivo, o demoréis el hacer una entrega completa de vosotros mismos a Dios.  Si no os habéis entregado ya a Dios, os ruego que lo hagáis ahora.  Sea inscripto vuestro nombre en los registros celestiales entre los escogidos y elegidos de Dios...” (A fin de conocerle, 62).

Robar no solo es el hacerse de los objetos  que le pertenecen a otra persona, sino también hacerse de los afectos que le pertenecen a otros. Robar los sentimientos puede hacerse cuando formamos vínculos con personas que no merecen nuestra atención. Cuando somos hijos, nuestros padres y hermanos son los que merecen lo mejor de nosotros, pero cuando nos casamos, son nuestro cónyuge e hijos, los que merecen todo lo mejor de nuestro ser. Nuestros padres no dejan de ser amados y reverenciados como sabios consejeros y amorosos amigos, sino que ahora deben ser honrados más que antes y protegidos en la edad dorada.

También podemos robar de Dios nuestros afectos cuando dejamos de lado la atención que merece el tiempo de comunión que necesitamos pasar con el Todopoderoso y en lugar de destinarlo para aquello, ese tiempo de comunión íntima con Dios es destinado para otras actividades, que si bien es cierto pueden ser lícitas y buenas en sí mismas, pueden convertirse en causantes de nuestra separación del Cielo.

Hoy practiquemos nuestro culto personal. Recuerda: “Haz tu culto aunque llegues tarde”.



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