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14 septiembre 2015

NO CODICIAR



Deuteronomio 5:21  “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”

“Satanás los tentó para que consideraran esta restricción como cruel e injusta. Les hizo codiciar las cosas prohibidas, porque vio que la complacencia desenfrenada del apetito tendería a producir sensualidad, y por estos medios le resultaría más fácil dominarlos. El autor de las enfermedades y las miserias asaltará a los hombres donde pueda alcanzar más éxito. Mayormente por las tentaciones dirigidas al apetito, ha logrado inducir a los hombres a pecar desde la época en que indujo a Eva a comer el fruto prohibido, y por este mismo medio indujo a Israel a murmurar contra Dios. Porque favorece efectivamente a la satisfacción de las pasiones bajas, la intemperancia en el comer y en el beber prepara el camino para que los hombres menosprecien todas las obligaciones morales. Cuando la tentación los asalta, tienen muy poca fuerza de resistencia” (Conflicto y valor, 104).

Cuando no ponemos restricciones a nuestros apetitos nos debilitamos moralmente, de tal modo que cuando llega el momento de decir “no” a las acciones negativas, nos cuesta mucho más trabajo.

Es que cuando las personas no pueden manejar sus emociones negativas o aun las positivas, desean un tubo de escape, una segunda vida  paralela donde todo esté bajo su propio control, aunque sea imaginariamente. Una manera de engreírse por dentro (argumentan algunos). Entonces consumen alimentos, bebidas fuertes, sustancias perjudiciales, o alguna otra cosa que a la larga les causa mucho dolor.

Es hora de mantener las restricciones para con las exigencias de nuestros apetitos, no solo en el comer o el beber, sino en cuanto a lo que miramos, olemos y tocamos. Pensemos en aquello que nos tienta y decidamos dominarlo. Empecemos dejando de codiciar lo que otros tienen y encontremos contentamiento en la sencillez de nuestras vidas. Hoy decidamos ser buenos custodios de nuestros apetitos sin codiciar nada ajeno ni prohibido.


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