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15 septiembre 2015

CUANDO DIOS DICE “NO”



Deuteronomio 34:5  “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.”

“Quince siglos antes, sobre el monte Pisga, Moisés había contemplado la tierra prometida. Pero a causa de su pecado en Meriba, no le fue dado entrar en ella. No le tocó el gozo de conducir a la hueste de Israel a la herencia de sus padres. Su ferviente súplica: "Pase yo, ruégote, y vea aquella tierra buena, que está a la parte allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano,' (Efesios 3:20)  fue denegada. La esperanza que durante cuarenta años había iluminado las tinieblas de sus peregrinaciones por el desierto, debió frustrarse. Una tumba en el desierto fue el fin de aquellos años de trabajo y congoja pesada. Pero "Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,"* había contestado en esta medida la oración de su siervo. Moisés pasó bajo el dominio de la muerte, pero no permaneció en la tumba. Cristo mismo le devolvió la vida. Satanás, el tentador, había pretendido el cuerpo de Moisés por causa de su pecado; pero Cristo el Salvador lo sacó del sepulcro (Judas 9).” (El deseado de todas las gentes, 390).

Cuantas veces Dios ha permanecido en silencio frente a una súplica tuya. Momentos en los que necesitamos que El intervenga de manera prodigiosa y no lo hizo. La pregunta que surge inmediatamente en nuestra mente es: ¿Por qué?

Allí estaba Moisés, el gran líder de Israel por cuarenta años, suplicando ingresar a la tierra de Canaán, la tierra de sus sueños. Al igual que tu suplicando por un trabajo con el sábado libre, o por la salud de tu mamá, o por la recuperación de un hijo. Era un pedido harto justificable. Y también estuvo la respuesta de Dios: “No pasarás”. La misma respuesta que recibiste: “No hijo”.

En ese momento Moisés no lo entendió, pero no dudó del amor de Dios. Fue obediente. Subió a la cumbre del Pisga, y desde allí, Dios le hizo contemplar la tierra de Canaán para que luego durmiese el dulce sueño de la muerte… pero la historia de Moisés no terminó allí, sino que Dios luego le resucitó y le llevó a la cósmica tierra de Canaán. Esto nos enseña una lección. Cuando Dios dice “no” en esta tierra, es un “no” que no podemos entender ahora, pero en el futuro entenderemos. Solo cree en el amor constante de Dios por ti.


Dios conoce lo que es mejor para nosotros aun mejor de lo que consideramos creer nosotros mismos.

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