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02 septiembre 2015

CARNE, CARNE, CARNE




Números 11:18  “Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis.”

“La educación de los israelitas incluía todos sus hábitos de vida. Todo lo concerniente a su bienestar era objeto de la solicitud divina y estaba comprendido por la ley de Dios. Debido a que Dios quería hacer de ellos sus representantes, les proporcionó un estatuto especial. Se les dieron cuidadosas restricciones relativas a su régimen alimentario. El consumo de carne fue casi totalmente prohibido. El pueblo tenía que ser santo, y el Señor sabía que el consumo de carne impediría su progreso espiritual. Mediante un milagro misericordioso los alimentó con pan del cielo. El alimento que se les proveyó era de tal naturaleza que promovía la fuerza, tanto física, como mental y moral, y . . . la sabiduría de la elección divina de sus alimentos fue justificada de tal manera que no la pudieron contradecir. A pesar de las dificultades de la vida en el desierto, no hubo ni un solo débil en todas sus tribus.” (Cada día con Dios, 78).

¡Cómo!, aparentemente aquí se presenta una contradicción con el versículo de ayer, pero ojo, recuerden que los hijos de Dios ya estaban en plena peregrinación por el desierto y todas las ovejas que habían sacado de Egipto probablemente ya se les había terminado, por que dudo mucho que hayan  llegado a lugares con mucho pasto por el desierto para alimentar a sus ganados. Así que Dios proveyó el maná del cielo para darles fuerza física y moral, dejando de lado la carne. Pero el pueblo pidió carne para comer.

Es cierto, la carne quedó prohibida para el pueblo de Israel en el desierto porque  ellos estaban en el programa de santificación de Dios. Dios los estaba preparando para que sean un pueblo testificador, un testimonio vivo de la intervención de Dios en la vida de una nación.

Las instrucciones de Levíticos fueron para cuando se estableciesen en Canaán, para aquellos que desearan comer carne.

Pero cuando en plena peregrinación pro el desierto el pueblo pidió carne, en ese contexto, fue un rechazo al amor incondicional que Dios les proveía constantemente. Esto entristeció a Dios.

Durante nuestro peregrinaje en esta tierra hacia la Canaán Celestial, es menester que estudiemos lo necesario para ir prescindiendo aun de las carnes lícitas, en la medida de lo posible, porque queremos escuchar mejor la voz de Dios.

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