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30 septiembre 2015

AMOR FILIAL


Ruth 1:16  Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

“En la antigüedad, Abrahán, Isaac, Jacob y Moisés, con su humildad y sabiduría, y Josué con sus diversos dones, fueron todos empleados en el servicio de Dios. La música de María, el valor y la piedad de Débora, el afecto filial de Rut, la obediencia y fidelidad de Samuel, la firme fidelidad de Elías, la suavizadora y subyugadora influencia de Eliseo, todas estas cualidades se necesitaron.  Así también a hora, todos aquellos a quienes Dios ha prodigado sus bendiciones, han de responder con un servicio verdadero; ha de emplearse cada don para el adelanto de su reino y la gloria de su nombre” (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 283).

El amor entres padres, entre padres e hijos, entre hermanos, es uno de los afectos que debieran ser cultivados todos los días a través de pequeños actos de cortesía y consideración. Recordemos que son ellos los que estarán cerca cuando los días grises de la vida impacten en nuestro andar.

Ayudar a servir los alimentos, levantar los trastos tirados, limpiar la casa, trapear los pisos, limpiar el auto, contestar el teléfono con cortesía, obedecer rápido a los llamados. Son pequeños detalles, ni siquiera merece llamarlos esfuerzos, que pueden llevar un rayo de luz y alegría a nuestos seres amados.

Hoy tratemos de emular a Rut quien abandonó todo su entorno, su familia, su país, sus amigos, sus costumbres, su manera de vivir, su estilo de vida, para ayudar a su suegra. Este acto de amor filial, le valió ser parte de la genealogía del señor Jesús.

Hoy demostremos nuestro amor para con nuestra familia en actos reales de amor y cortesía.


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