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09 agosto 2015

UN ENGAÑO DOLOROSO

Génesis 27:10  “y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.”
“Pero aunque daba más valor a las bendiciones eternas que a las temporales, Jacob no tenía todavía un conocimiento experimental del Dios a quien adoraba. Su corazón no había sido renovado por la gracia divina. Creía que la promesa respecto a él mismo no se podría cumplir mientras Esaú poseyera la primogenitura; y constantemente estudiaba los medios de obtener la bendición que su hermano consideraba de poca importancia y que para él era tan preciosa (Conflicto y Valor, 61).
Un engaño fatídico. Nada volvería a ser igual. Si Jacob era tramposo, pues tuvo a quien salir. Desesperada al conocer las intenciones de Isaac de bendecir a Esaú, ella buscó el modo de desviar la bendición hacia Jacob.
Dios pudo haber actuado de tal modo que el engaño no hubira sido necesario. Pero aquí se observa a la hermana de Labán haciendo gala de los mismos rasgos de carácter que su hijo predicaba con su nombre. Fueron los mismos rasgos familiares que causaron dolor a su propio hijo, quien antes de cosechar la bendición del Cielo debía ser llevado de la mano por su amoroso Padre Celestial, al conocimiento de su persona y de sí mismo.
Este engaño, lejos de traer bendición inmediata, trajo dolor y fue el principio de la humillación pedagógica y formadora que Jacob debió transitar para hacerse digno de recibirla, ya que, como Esaú, no estaba preparado.
Con cuanto cuidado debiéramos criar a nuestros hijos para que no se vean privados de las bendiciones de Dios por causa de la formación que les hemos dado.
Este engaño separó a Jacob de su madre, separó a Esaú de su padre, los separó probablemente entre esposos, separó a los hermanos. Esos son los resultados del pecado, aun cuando pensemos que fue para hacer lo correcto.
Fue una de las últimas veces en que la madre se vería con el hijo. Cuantas veces habrá lamentado su proceder. Cuantas veces se habrá pesado de su engaño. Se privó de los afectos de sus dos hijos.

Hoy seamos íntegros. Seamos fieles aun en las condiciones más adversas, que Dios intervendrá para educarnos y salvarnos.

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