20 agosto 2015

SACADO DE TODO

Éxodo 3:2   “Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.”

“Moisés fue aceptado como colaborador con Dios.  Sabía que la burla, el odio, la persecución, y quizá la muerte, le sobrevendrían si se ocupaba de alguna manera de defender la causa de los hebreos cautivos... Había disfrutado de gran popularidad como general de los ejércitos de Faraón, y sabía que ahora su nombre correría de boca en boca distorsionado, pero tuvo "por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios"  (Heb. 11: 26).  Abandonó la perspectiva de una corona real y aceptó las cargas de su pueblo oprimido y afligido” (A fin de conocerle,  16 de enero).

Había disfrutado de muchos beneficios y de una sólida formación en las artes y ciencias egipcias. Conocía muy bien a su futuro opositor. Conocía las costumbres y le sería fácil moverse en medio de la oscura e idolátrica corte del faraón. Pero sobre todo tenía un alto sentido de la justicia.

Su espíritu indomable, impetuoso y soberbio lo llevó a tratar de cumplir los planes de Dios con sus manos, logrando alejarse de las personas que intentaba ayudar. Pero el Señor no lo abandonó, sino que lo llevó a la universidad de la mansedumbre y la humildad y antes de pastorear hombres, pastorearía ovejas. En Madían encontraría a su esposa, su trabajo, su familia, su llamado y su misión.

Es curioso que Moisés fuera sacado de las aguas, porque fue sacado de varios lugares y situaciones: se “sacó” de Egipto, se “sacó”  de Madían, y fue preparado para ser guía en la salida de una nación de entre un imperio. Moisés fue formado para salir de todo… hasta de la tumba. Hasta que paró de salir para ser introducido en la tierra de Canaan, pero no la terrenal sino la celestial y luego de más de un milenio ser un mensajero de esperanza para el mismo Cristo en el monte de la transfiguración.

Hoy medita en lo que pasa en tu vida. Si estás pasando momentos felices, da gracias a Dios porque estás bajo la columna de nube y fuego. Pero si estás atravesando burlas y complicaciones por ser fiel a la formación y al llamado de Dios a la carrera cristiana, no temas de nada porque estas pruebas sirven para formar tu carácter y para que algún día te gradúes con el título de Moisés: “Varón manso y humilde”.


Hoy valora la guía y conducción que Dios ejerce en tu vida y si él te saca de algún Egipto de ventajas por ser fiel a Él, entonces, acepta todo con felicidad, porque aunque luego te encuentres rodeado de ventajas menores “entre los borregos de Madián”, aprenderás, si quieres,  la lección que Dios te quiere mostrar.

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