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17 agosto 2015

QUIERO SER UN EFRAIN

Génesis 41:52  “Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.”

“Otro asunto importante exigía atención; los hijos de José habían de ser formalmente recibidos entre los hijos de Israel. A la última entrevista con su padre, José llevó consigo a Efraín y Manasés. Estos jóvenes estaban ligados por parte de su madre a la orden más alta del sacerdocio egipcio; y si ellos eligieran unirse a los egipcios, la posición de su padre les abriría el camino a la opulencia y la distinción.  Pero José deseaba que ellos se unieran a su propio pueblo.  Manifestó su fe en la promesa del pacto, en favor de sus hijos, renunciando a todos los honores de la corte egipcia a cambio de un lugar entre las despreciadas tribus de pastores a quienes se habían confiado los oráculos de Dios.” (Patriarcas y Profetas. Pág. 238).

El solo ver a Efraín y pronunciar su nombre era sinónimo de consuelo. Era el hijo de la conducción de Dios.

Aun cuando parezca que estamos atravesando uno de los episodios oscuros de nuestras vidas, Dios levantará efraínes que nos hagan recordar con sus acciones, miradas, sonrisas, palabras de consejo y orientación, que Dios nos hace fructificar en medio de los nubarrones de la tormenta.

Estaba muy avergonzado por haber fallado en una comisión. No quedaba otra, debía comparecer ante la autoridad que había confiado en mí. “¡Qué vergüenza!” me repetía constantemente. Al final, tuve la entrevista.

Era persona era un Efraín. Me renovó su confianza, con lo que desertó aun más mi lealtad hacia él. Dios lo puso para hacerme el camino oscuro más llevadero.

Amigo. Dios está contigo para mostrarte efraínes o hacer de ti mismo uno para algún viajero cansado en esta vida.

Asume tu rol de ser un consolador de alguna alma sufriente hoy.


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