23 agosto 2015

FUERA RANAS

Éxodo 8:2  “Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con ranas todos tus territorios.”

“Nuevamente se alzó la vara sobre las aguas, y del río salieron ranas que se esparcieron por toda la tierra.  Invadieron las casas, donde tomaron posesión de las alcobas, y aun de los hornos y las artesas.  Este animal era considerado por los egipcios como sagrado, y no querían destruirlo.  Pero las viscosas ranas se volvieron intolerables.  Pululaban hasta en el palacio de Faraón, y el rey estaba impaciente por alejarlas de allí.  Los magos habían aparentado producir ranas, pero no pudieron quitarlas.  Al verlo, Faraón fue humillado.  Llamó a Moisés y a Aarón y dijo: "Orad a Jehová que quite las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré ir al pueblo, para que sacrifique a Jehová." Luego de recordar al rey su jactancia anterior, le pidieron que designara el tiempo en que debieran orar para que desapareciera la plaga.  Faraón designó el día siguiente, con la secreta esperanza de que en el intervalo las ranas desapareciesen por sí solas, librándolo de esa manera de la amarga humillación de someterse al Dios de Israel.  La plaga, sin embargo, continuó hasta el tiempo señalado, en el cual en todo Egipto murieron las ranas, pero permanecieron sus cuerpos putrefactos corrompiendo la atmósfera.” (Patriarcas y profetas, 271).

¿Cómo podemos aplicar este episodio de las ranas a nuestra vida práctica? Considera lo siguiente:
1.     Las ranas eran objeto de culto para los egipcios, es por ello que aunque eran molestas y causaban enfermedades, ellos no querían matarlas.
2.     Las ranas quedaron en Egipto con su viscosa presencia hasta el tiempo señalado por Moisés.
3.     Las ranas, al morir, no fueron convertidas todas en polvo en un instante, sino que Dios permitió que quedaran sus cuerpos pudriéndose para molestia de los egipcios y para evidencia de que sus dioses generan solo eso, una adoración deshonrosa y putrefacta.
 Luego de este breve análisis, pensemos en que puede ser una rana en nuestra vida. De pronto la música que no nos eleva a Dios, que aunque nos gusta y la guardamos en nuestros artilugios electrónicos, sabemos que es mala pero no nos deshacemos de ellas.

Y no solo la música, de repente, alguna bebida, algún proceso vicioso como los videojuegos, los juegos de tragamonedas, alguna novia o novio, el trabajo o cualquier cosa que nos saque de la realidad que debemos enfrentar y resolver.  Son aquellas sustancias, procesos o personas que nos apartan de la adoración de Dios. Son nuestras ranas que aunque sabemos que son molestas, nos gustan y perseveramos en tenerlas, pero nos dejan vacios en la lucha por llenar nuestros vacios espirituales.

Pero Dios quiere prepararnos para el gran éxodo cósmico y quiere que dejemos todo ente idolátrico para dedicarnos a la adoración del eterno Yo Soy.

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