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12 agosto 2015

¡BENDICEME POR FAVOR!

Génesis 32:25-26  “Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.  Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.”
“La lucha duro hasta poco antes del amanecer, cuando el desconocido tocó el muslo de Jacob, dejándolo incapacitado en el acto.  Entonces reconoció el patriarca el carácter de su adversario.  Comprendió que había luchado con un mensajero celestial, y por eso sus esfuerzos casi sobrehumanos no habían obtenido la victoria.  Era Cristo, "el Ángel del pacto", el que se había revelado a Jacob.  El patriarca estaba imposibilitado y sufría el dolor más agudo, pero no aflojó su asidero. . .
El Ángel trató de librarse de él y le exhortó: "Déjame, que raya el alba"; pero Jacob contestó: "No te dejaré si no me bendices".  Si ésta hubiese sido una confianza jactanciosa y presumida, Jacob habría sido aniquilado en el acto; pero tenía la seguridad del que confiesa su propia indignidad, y sin embargo confía en la fidelidad del Dios que cumple su pacto” (Patriarcas y Profetas, págs. 196, 197).
Con lágrimas por el agudo dolor de su cadera, pero más aun, por el peso de culpa de sus pecados, Jacob no soltó a aquel visitante celestial. Se aferró a su oportunidad de Salvación,  y con humildad extrema solicitó una bendición, la bendición de su perdón.
Cuantas veces pedimos bendiciones qeue a nosotros nos parecen necesarias perdiendo de vista nuestra suprema necesidad. El cambio de naturaleza.

Cuantas batallas perdidas, cuantas victorias pírricas, cuantos fracasos funestos contra nuestro yo tenemos en nuestro haber. Nuestro carácter es el que debe cambiar. Con humildad y perseverancia constante aferrémonos humildemente de las promesas divinas y exclamemos como Jacob: “Dame un nuevo corazón, te lo suplico, perseveraré en mi pedido hasta que me bendigas” y luchemos con fuerzas sobre humanas en estar con nuestro amado Señor cada día.

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