11 marzo 2015

PARTE DE LA EVANGELIZACIÓN



Jeremías 8:20 “Pasó la siega, terminó el verano y nosotros no hemos sido salvos”.

“Pero en nuestras iglesias son muchísimos los que saben muy poco del verdadero significado de la verdad para este tiempo. Les ruego que no desprecien el cumplimiento de las señales de los tiempos, que con tanta claridad indican que el fin se acerca. ¡Oh, cuántos de los que no han procurado la salvación de su alma se lamentarán pronto acerbamente: “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos”. Jeremías 8:20” (Consejos para la iglesia, 647).

Tenemos una responsabilidad, de procurar ser parte de la estrategia divina para hacer progresar el reino de Dios en esta tierra. La obra misionera debe ser hecho con los dones que se nos ha encomendado. Debemos emplearnos a fondo para que no pase un día en que no hayamos hecho algo a favor de la proclamación del evangelio.

No buscamos “goles”, buscamos hacer discípulos; esta es una obra que si no va acompañada con el poder del Espíritu Santo, no tendrá mayores resultados por más hábiles que seamos. Debemos usar nuestros dones, pero también nuestra vida debe ser transformada por la dulce presencia del Santo Espíritu en nuestra vida, que no solo santifica el aspecto espiritual, sino también los otros aspectos.

Santos a nivel social (familia, amigos, vecinos), a nivel físico (comida, recreación, vestimenta), a nivel mental (lectura, videos, conversaciones), a nivel ecológico (higiene y orden del lugar en que vivimos, mascotas bien cuidadas). Un evangelio pleno, que al ser vivido como buenos discípulos, aun la presencia de una persona tal ya es un sermón de vida para vida.

No solo es pararse detrás de  un púlpito, ni solo es tocar una puerta, sino una vida que acompañe estos esfuerzos. Es cierto, no hay perfecto ni aun uno, pero las acciones por estar al lado de Cristo inequívocamente producirán efectos transformacionales en nuestra vida a todo nivel.

Es nuestra responsabilidad que el mundo sea informado e instruido en lo concerniente a la venida del Señor, para que cuando llegue el tiempo, nadie pueda decir: “Yo no sabía, ¿porqué no me informaste?”. Que la salvación sea su elección no depende de nosotros, pero si depende de nosotros que sepan que tenían una elección.

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