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17 marzo 2015

EL SÁBADO




Jeremías 17:24, 25 “No obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día de reposo, sino que santificareis el día de reposo, no haciendo en él ningún trabajo, entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para siempre”. 

“El Espíritu de Dios impresionó los corazones de esos estudiosos de su Palabra. Fueron impelidos por la convicción de que, ignorantemente, habían transgredido ese precepto al pasar por alto el día de descanso del Creador. Empezaron a examinar las razones por las cuales se guardaba el primer día de la semana en lugar del día que Dios había santificado. No pudieron encontrar en las Escrituras prueba alguna de que el cuarto mandamiento hubiese sido abolido o de que el día de reposo hubiese cambiado; la bendición que desde un principio santificaba el séptimo día no había sido nunca revocada. Habían estado buscando honestamente conocer y hacer la voluntad de Dios; ahora, al verse transgresores de la ley divina, sus corazones se llenaron de pena y manifestaron su lealtad a Dios guardando su santo sábado” (Cristo en su santuario, 108).

Recuerdo cuando comenzaba a estudiar la Biblia con algunos jóvenes de la iglesia El Trébol en Lima, ahora todos ellos son grandes profesionales, pero en aquella época tuvieron  mucha paciencia conmigo, ya que demoré mucho en aceptar la verdad bíblica del sábado. Recuerdo que pasé dos años asistiendo a la iglesia sin bautizarme porque aceptaba la santidad del sábado, aunque había algunos que no asistía.

Luego de dos años nuevamente me dieron estudios bíblicos y decidí bautizarme. El sábado es el único mandamiento que de no ser cumplido, no nos trae problemas en la sociedad, sino solo con el Señor. Es realmente una prueba de fe guardar el sábado, para millones de fieles alrededor del mundo. Hombres y mujeres semanalmente hacen una declaración del fe al detener sus ocupaciones comunes para observar el día del Señor.

El sábado sigue vigente y haríamos bien en no claudicar de su observancia, sino en permanecer fieles a la voluntad expresa de Dios: “Acuérdate de mi día sábado para santificarlo” (Éxodo 20:8).

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