13 marzo 2015

CON AMOR



Jeremías 12:5 “Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?” 

“Los profetas habían llorado la apostasía de Israel y lamentado las terribles desolaciones con que fueron castigadas sus culpas. Jeremías deseaba que sus ojos se volvieran manantiales de lágrimas para llorar día y noche por los muertos de la hija de su pueblo y por el rebaño del Señor que fue llevado cautivo” (Conflicto de los Siglos 21).

El camino de la rebelión puede resultar agradable, pero tiene un componente destructivo para el verdadero hijo de Dios. Israel se había rebelado contra Dios y Él envió mensajeros quienes sufrieron el rechazo del pueblo elegido, pero además, lloraron porque vieron como eran castigados por el Señor.

En el texto de hoy leemos la desesperación de Jeremías que intenta hacer entrar en razón a su pueblo para que deje de esforzarse en vano, de apartarse de la sabia y cariñosa dirección del Padre; pero habían sido tantos años de  rebelión que les era difícil retornar. Estaban casados con sus propias ideas y pre conceptos, a tal punto que ponían sus suposiciones por sobre la expresa Palabra de Dios.

Así también hoy, necesitamos ser cautelosos de no andar por el camino de la crítica, que a muchos les parece que los pone en un nivel más elevado que los demás, porque piensan percibir cuestiones que otros no captan, y las critican, pero en realidad están envueltos en el ensalmo satánico de Eva, que fue tentada con ser superior por el diablo.

Es cierto, cuando vemos algo en que nuestro hermano está andando mal, es necesario tener el espíritu de Elías, quien con autoridad de una vida proba y vinculada con el cielo, lograba que sus palabras vayan de la mano con la Palabra de Dios, haciendo que su reprensión esté llena de vida. Pero muchas veces los críticos solo tienen sus palabras humanas, falibles y llenas de ira, percepciones equivocadas, encono, amargura, dolor y resentimiento.

Hoy andemos como hijos de Dios. Si vemos que algo podría andar mejor, vayamos a dar nuestra observación con humildad y firmeza, pero que sea oída por quien debe ser oída; recuerda que no somos un partido político para organizar mítines, sino hermanos que queremos que nuestro hermano sea mejor, por eso le hablamos a solas, y aunque con firmeza, también con amor y cariño.

No hay comentarios.: