21 febrero 2015

HUMILDAD




Jeremías 50:31 “He aquí yo estoy contra ti, oh soberbio, dice el Señor, Jehová de los ejércitos; porque tu día ha venido, el tiempo en que te castigaré”.

“Dios no desea que quedemos abrumados de tristeza, con el corazón angustiado y quebrantado. Quiere que alcemos los ojos y veamos su rostro amante. El bendito Salvador está cerca de muchos cuyos ojos están tan llenos de lágrimas que no pueden percibirlo. Anhela estrechar nuestra mano; desea que lo miremos con fe sencilla y que le permitamos que nos guíe. Su corazón conoce nuestras pesadumbres, aflicciones y pruebas. Nos ha amado con un amor sempiterno y nos ha rodeado de misericordia. Podemos apoyar el corazón en él y meditar a todas horas en su bondad. El elevará el alma más allá de la tristeza y perplejidad cotidianas, hasta un reino de paz”. (Discurso Maestro de Jesucristo, 16).

La soberbia puede causar mucho dolor, no solo en quien se genera, sino en quien es víctima del soberbio. Este pecado puede manifestarse de muchas y complejas formas, hasta el punto de quien realmente lo es, no se decuenta de sus caminos. Necesitamos ir al Señor y dejar que nos moldee según su gracia maravillosa.

Antes de la caida está la soberbia. Este mensaje nos debe animar a dejar cualquier conducta que nos haga pensar que somo superiores a los otros. Quizás Dios te haya dotado de múltiples dones, pero los hizo para que edifiques la iglesia; para que sirvas a los demás, y aprendas de ellos tambien.

Si es que ya llegó el momento de la humillación, recuerda que Dios usa ello para que entiendas que debes depender del Todopoderoso. Dios no te dejara abrumado de tristeza ni te abandonará a tu suerte, sino que luedo de aprendida la lección te levantará y te hará morar en paz. Dios te forma para ser habitante del reino de los cielos.

Hoy tratemos de estar más cerca de Dios, hoy tratemos de vernos menos a nosotros mismos y contemplar más el dulce y firme carácter de nuestro Señor Jesús.

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