26 febrero 2015

FIDELIDAD EN MEDIO DE LA ADVERSIDAD




Jeremías 32:2 “Entonces el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel que estaba en la casa del rey de Judá”.

“El cobarde rey sabía que las acusaciones eran falsas; pero a fin de propiciar a aquellos que ocupaban puestos elevados y de influencia en la nación fingió creer sus mentiras, y entregó a Jeremías en sus manos para que hiciesen con él lo que quisieran. El profeta fué arrojado “en la mazmorra de Malchías hijo de Amelech, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la mazmorra no había agua, sino cieno; y hundióse Jeremías en el cieno.” Vers. 6. Pero Dios le suscitó amigos, quienes se acercaron al rey en su favor, y le hicieron llevar de nuevo al patio de la cárcel” (Profetas y reyes 336)

Pobre Jeremías. Luego de hacer la voluntad de Dios, terminó en ese momento en la cárcel, y de no ser por algunos amigos a quienes Dios mismo puso en su corazón el ayudarle, hubiese sido una experiencia larga y desgastante.

Pensemos en que Jeremías estaba en esa situación ¡por hacer la voluntad de Dios! ¿Es que el hacer la voluntad de Dios no trae recompensas? Pues bien, ahora observas que no siempre, sino que a veces el hacer lo que es correcto te acarrea enemigos y malos entendidos. Pero aun así, no temas, porque igual que con Jeremías, Dios pondrá en el corazón de ciertas personas el deseo de que tu situación no sea peor.

Por otro lado, no pienses solo en las recompensas de esta tierra, o en el reconocimiento humano, que de por si es agradable, pero si no llega por que haces lo correcto, recuerda que Dios en los cielos afirma que tú eres su hijo o hija, y está dispuesto a darte la recompensa eterna.

Cuando lleguemos a la patria celestial, y veamos el enorme peso de gloria, las colinas eternas y los animales santos, en medio de una naturaleza perfecta y sin mancha de pecado; y recordemos los peores momentos de nuestra vida, nos parecerán poca cosa, en comparación con la realidad eterna que nos tocará vivir.

Hoy, de ser necesario, suframos como buenos soldados de Jesucristo, con mansedumbre, pero no basada en el conformismo humano, sino en la esperanza bienaventurada de que Dios volverá para la recompensa final a sus hijos e hijas fieles.

No hay comentarios.: