29 enero 2015

RECUERDA LA CRUZ




Isaías 53:5 “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

“Enseñad la cruz de Cristo a todo alumno una y otra vez. ¿Cuántos creen que ella es realmente lo que es? ¿Cuántos la introducen en sus estudios y conocen su verdadero significado? ¿Podría haber en nuestro mundo un cristiano sin la cruz de Cristo? Por lo tanto, ensalcémosla en nuestra escuela como el fundamento de la educación verdadera. La cruz de Cristo debe estar tan cerca de nuestros maestros, debe ser tan perfectamente comprendida por ellos, como lo fue por Pablo, quien pudo decir: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Gálatas 6:14 (Consejos para los maestros, 23).

El supremo sacrificio de Cristo, su dolor por el pecado, su verdadera manifestación en gloria, sus momentos finales en esta tierra, todo debe ser puesto en frente de las personas que nos rodena, y sobre todo, delante de nuestras familia. Debemos pasar momentos preciosos meditando en el excelso sacrificio del crucificado de los siglos.

¿Cuánto costó nuestra salvación? ¿Cuánto arriesgó el Señor? ¿Cuánto nos ama el Señor para haber visto morir a su Hijo por quienes ni siguiera lo amaban? Todos los procesos que se vivieron son dignos de meditación, y cada vez que profundicemos en esas ideas sublimes, encontraremos más amor manifestado desde el Trono de la Gracia hacia nosotros, pobres pecadores indignos.

Dios nos ayude a mantener en nuestra memoria estas escenas para vivir en la senda de manifestar amor por el prójimo, así como Cristo nos amó primero, con sacrificio.

Cuando recordamos la muerte de Sócrates, quien pidió la cicuta para morir, y luego comparamos con Cristo quien en su humanidad pidió que pase de él esa copa de dolor, vemos el contraste entre quienes piensan que hay vida en el más allá, y quien sabe bien que con la muerte dejamos de existir. Cristo tenía temor aunque sabía que podía dar su vida y volverla a tomar. No era un loco suicida, sino uno que nos amó hasta dar su propia vida.

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