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28 diciembre 2014

A LOS CUARENTA

Pensé que a los cuarenta comenzaría a vivir,
"ni muy viejo, ni muy joven", era mi sentir.
Pero tarde me di cuenta que era tiempo de detenerme a escuchar
lo que una rodilla me tenía que enseñar.

Las escaleras debo subir, aunque con dolor,
y la panza bajar, para poder ligero avanzar.
La ciática no se debe activar, con movimientos juveniles,
que muy a mi pesar, ya no puedo realizar.

¡No estoy viejo!... pero tampoco joven.
¡Soy adulto!, y eso me provoca mis miedos afuera echar.
Que se vayan, porque al final, ¡ya qué!
Debo servir, y servir más allá de mi zona de comodidad.

Dios, ¿puedes tu emplear a un adulto regular?
¡Claro!, si a un animal hiciste hablar a Balaam,
puedes utilizarme para algo enseñar,
a quien esté dispuesto a aprender un poco más.

Yván Balabarca C. (27/12/14)


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