14 abril 2014

COMPLEJO DE CIRSE

El complejo de Cirse nos lleva hacia el relato de Homero y su Odisea en la cual hay una mujer bella rodeada de una servidumbre de mujeres pulcras dedicadas a las labores domésticas. Cirse es una hechicera encantadora, capaz de convertir en bestias a los hombres y utilizarlos para sus objetivos. Ulises, el héroe del drama, coludido con Hermes, llega a aliarse con Cirse quien no lo convierte en nada y lo deja ir luego de haber sido amantes.

Cirse es el caso de las mujeres que emplean sus encantos para tener dominados a los jóvenes u hombres que gustan de ellas, mediante el placer. Se convierten estos seres en “animales hechizados” capaces de hacer la voluntad de su encantadora domadora.. Así, Cirse también se convierte en una figura fría, calculadora y que no se le escapa nada.[1]

Cirse es conocida como la seductora compulsiva,[2] es decir, aquella que precisa tener a más de uno enamorado de ella sin necesariamente tener amoríos con nadie. Es la dama muy sensual, pero que mantiene (o no) su distancia de los postulantes a sus afectos.

Aunque el complejo de Cirse se da en mujeres, permítanme la aplicación al otro género también, ya que hay hombres con apariencia  muy agradable y que se vuelven seductores, capaces de cautivar los afectos de muchas señoritas, y que luego, confundidas estas por su galanteo, creen que son novios, para luego darse cuenta que aquello solo era una ilusión al ver a su “amado” seduciendo a otra niña.

Frente a Cirse solo puede haber prudencia y decoro, ya que sus “artes seductoras” solo influirán en los jóvenes que están muy ávidos de nuevas sensaciones.

Cirse, si se hace cristiana, deberá aprender de Cristo el valor de la prudencia, el decoro, el recato y la buena voluntad de servir a Dios desde una perspectiva de pudor y modestia.



[1] Caro Baroja, Julio. Ritos y mitos equívocos. Madrid: Istmo, 1989. 225.

[2] Katya Mandoki, Prácticas estéticas e identidades sociales: prosaica II. México: Siglo XXI, 2006. 253.

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