21 diciembre 2013

SINDROME DE WENDY

Síndrome de Wendy


El psicólogo Dan Kiley, en 1983, bautizó con el Síndrome de Wendy a las mujeres que ven a sus compañeros sentimentales como si fueran sus hijos.[1] Esto con el afán de satisfacer todas sus demandas. Por otro lado este síndrome también se refiere a la necesidad de satisfacer hasta el colmo los deseos de otra persona, que puede ser el novio (a), hijos o cónyuge.

A continuación permítanme enumerar algunas características de una persona con este síndrome:

1.     Una persona con síndrome de Wendy por lo general siente culpa si algo sale mal, especialmente si esto no satisface a otros. Tiene un rasgo perfeccionista y desea que todos se sientan felices con él (ella) y hablen bien de sus obras.
2.     Se siente imprescindible, y por eso se hace cargo de todo. Puede llegar a ser severa (o) con su equipo de trabajo, si es que está a cargo para que los jefes se sientan bien.
3.     Su idea de amor es equivalente a su idea de sacrificio, asumiendo el malestar, cansancio y dolores con tal de satisfacer a otros. Puede ser capaz de asumir culpas que no le corresponden con tal de quedar bien con quienes lo observan. Esto es negativo ya que otros pueden “depredarlo (a)” por su “tendencia al martirio”.
4.     Asume los roles y tareas de su Peter Pan con tal de que sea feliz y no se vaya a su país de “Nunca Jamás”. Tiene pánico de que su novio (a) se aleje de ella (él), y trata de ser perfecta (o) y que otros vean que si él (ella) se va, no fue su culpa… pero igual se pone como culpable, ganando la admiración de algunos que lo (la) observan.
5.     Evita los conflictos, y si para ello deja de lado su propia felicidad, está bien. Esto va de la mano con su complejo de mártir, por ello, para llevar la fiesta en paz, simplemente cede ante las demandas de los otros.
6.     Se disculpa por aquellas cosas que no le fue posible hacer. Esto con el fin de contar con el apoyo de las personas a quienes busca agradar.


Estos son adictos a la aprobación, y el precio que pagan esto es muy alto ya que incluye una extrema vulnerabilidad a los caprichos y opiniones subjetivas de la gente a su alrededor. Otras personas pueden aprovecharse de su vulnerabilidad y maltratos. Todos estos esfuerzos por hacer feliz a otros, producen cortos espacios de satisfacción para luego buscar satisfacerlos de otra forma.[2]

Dejarse llevar por el “qué dirán” de los hombres es terrible, ya que siempre habrá gente a la que no le vas a caer bien. Por ello, lo que debes buscar es la aprobación de la voluntad de Dios, revelada en la Biblia, y nada más, ya que la aprobación del hombre suele ser voluble. Bien dijo la Biblia: “Así dice el SEÑOR: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del SEÑOR se aparta su corazón.” (Jeremías 17:5 Biblia de las Américas).

Estas personas temes ser rechazadas, por ello son extremadamente sensibles a la crítica, y buscan aislarse para evitar la desaprobación de ser necesario.[3] Lo mejor que hace un adicto es huir. Lo que nos vuelve saludables es “tomar al toro por las astas”, encarar los conflictos que la vida demanda y resolverlos.

Recuerde que debe acostumbrarse a que no le va a caer bien a todos, y segundo, no se aferre de nada, sino solo al Señor.




[1] García Jiménez, Salvador. Taller de literatura para la ESO. Murcia: Universidad de Murcia, 2006. 86
[2] Wright, N. Libérese del temor, un proceso para reclamar su vida. Nashville, TN: Baker Book House Company, 2003. 74.
[3] Weaver, Joanna. Un espíritu como el de Maria: dejemos que Dios nos cambie de adnetro hacia fuera. Lake Mary, Fla: Casa Creacion, 2007. 73

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