19 diciembre 2013

SINDROME DE PETER PAN

Síndrome de Peter Pan

¿Qué pensarías, si es que eres una chica, que tu novio te invitara a comer, pero unos momentos atrás, le haya pedido dinero a su madre para hacerlo? Lo que es más interesante es que la madre acepta la idea de que es su “deber de madre” o “de padre”, darle el dinero a su hijo para que lleve a su chica a comer.

Yo creo que parte de las causas de que hoy vivamos una “Peterpandemia”, es que estamos “castrando” sistemáticamente la capacidad de nuestros hijos de poder generar los espacios y los recursos para valerse por si mismos y romper el cordón umbilical que los hace dependientes de los padres.

En la ficción de Peter pan, “… El héroe es un chico invencible con poderes mágicos que se lleva a los niños Wendy, John y Michael a la Isla de Nunca Jamás, donde los adultos no pueden ir. El argumento es una mezcla de sueño y pesadilla… a pesar de las feroces batallas, no se derrama sangre, el bien triunfa sobre el mal y todas la aventuras tienen un final feliz. La Isla de Nunca Jamás es un mundo alejado de la realidad, un mundo donde los niños no necesitan obedecer a sus padres. En cambio, para Peter Pan la Isla de Nunca Jamás constituye la única realidad existente… niega que la vida real exterior sea una gran aventura… Según el tipo de infancia que hayas tenido, debes haberte formado una imagen de lo que significa ser adulto…. Si esos adultos parecían deprimidos y desanimados… la perspectiva de crecer pudo ser bastante intimidatoria”.[1]

El joven que sufre el síndrome o complejo de Peter Pan, vive en su pequeño mundo, “succionando” los recursos de sus padres, porque piensa que es “su deber” mantenerlo; y que “se sienten felices de hacerlo”. Esto puede hasta llegar a ser cierto, en el caso de padres “gallina” que desean que los hijos siempre estén bajo sus alas, aun cuando el pollito ya es un tremendo gallo con espuelas bien plantadas; pero no por ello está bien.

El joven debe aprender a enfrentar la vida, y para ello es necesaria la presencia de marcos que les ayuden a probarse que pueden iniciar y terminar actividades con éxito; además de la presencia de un adulto saludable que los ayude y motive con el ejemplo a seguir hacia arriba.

“Peter Pan ha sido el arquetipo del infantilismo que inunda el mundo moderno. Y representa también la tragedia. En efecto, no cabe – sin pagar un precio altísimo – seguir siendo niños ni regresar a la infancia. Precisamente porque no somos aceptados por los adultos (que muchas veces son los que nos han “aniñado”) y, sobre todo, porque la infancia es un mundo que no tiene nada de inocente… Extendiéndose como una mancha de aceite, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, la voluntad de no crecer se ha convertido en una enfermedad del alma en toda regla”.[2]

Es necesario identificar en nosotros mismos si es que estamos sufriendo el síndrome de Peter Pan y  curarnos. Yo pienso que parte del remedio de este síndrome está en iniciar y terminar pequeños proyectos, como limpiar la habitación, lavar los platos y sacar a pasear a los perros. Esto brindará al joven la certeza de que es capaz de terminar lo que empezó. Además, es necesario que el joven se embarque en proyectos que vayan de simples a complejos, y que le generen dinero para poder colaborar con las actividades del hogar.

Queridos padres, no cometamos el error de creer que los muchachos solo deben de estudiar… el aprendizaje complejo ingresa mejor al cerebro, cuando las manos están ocupadas en la labro manual (valga la redundancia). Una hora de trabajo manual todos los días, no harán que pierdan materia alguna.

A fin de poder identificar este síndrome, revisemos estos rasgos del comportamiento de Peter Pan según Dan Kiley.[3]

1.     Parálisis emocional: la ira es como furia, la alegría como histeria, el desencanto genera auto compasión y la tristeza como alegría forzada, travesura infantil o risa nerviosa.
2.     Dilaciones. Es un experto de la postergación, y sus objetivos son contradictorios y mal definidos.
3.     Impotencia social. No pueden hacer verdaderos amigos. Son llevados por el impulso.
4.     Pensamiento mágico. Creen que si no piensan en la realidad, desaparecerá, o, si es que piensan en que será diferente, será.
5.     Relación con la madre. Se quieren liberar de ella, pero se sienten culpables si lo hacen.[4]

Como padres, podemos colaborar con la felicidad de nuestros hijos varones ayudándolos a que se desarrollen como hombres capaces de solucionar los problemas de la vida. Parte de esa ayuda es que nosotros, como adultos, disfrutemos de la vida, a fin de que los muchachos deseen disfrutarla tanto como nosotros, cuando ellos sean adultos.

Cuando era niño, veía a mi padre conducir el auto de la casa, y me impresionaba su precisión para hacerlo. Pensaba que yo no podría jamás llegar a conducir tan bien. Ahora no sé si estoy al nivel de mi padre en temas de conducción vehicular (pienso que no), pero tampoco manejo nada mal. Cuando uno se hace grande tiene que tomar al toro por las astas y enfrentarse con la vida, asumiendo activos y pasivos.


Revisemos esta cita: “Se ha hallado un nombre adecuado para las personas que se resisten a crecer. El síndrome o complejo de Peter Pan, utilizando el nombre del personaje de ficción creado por James M. Barrie, afecta cada año a más personas quienes, temerosas de madurar y afrontar los compromisos del adulto del siglo XXI, se recluyen en una posición pasiva, evitan la competencia y permanecen en casa de sus padre todo el tiempo que estos se lo consiente. En los casos más graves, este trastorno de la personalidad puede derivar en una enfermedad conocida como “complejo de infantilismo… sus síntomas son la irresponsabilidad, la ansiedad, el conflicto con el rol social, el narcisismo y el machismo”.[5]

Reflexionemos entonces: jóvenes, asuman un rol activo en la vida de la familia, siendo actores generadores de recursos y soluciones, más que solo consumidores pasivos. Padres, seamos amorosos, pero no castremos las iniciativas creativas y rentables de nuestros hijos. Acompañémosles para que crezcan no solo en cuerpo, sino en su aspecto social, mental y laboral.  Que estudien sus carreras y aficiones, pero que sepan que cuentan con ellos, aunque sea en una aun pequeña proporción, para afrontar los deberes familiares de cada mes (Luz, agua, teléfono, etc).





[1] Peiffer, Vera. Vivir con optimismo. Barcelona: Kairós, 1997. 80, 81.

[2] Barrie, J. M. Peter Pan o El niño que no quería crecer : una fantasía en cinco actos. Madrid: Siruela, 1999. 11.
[3] Kiley se doctoró en la Universidad de Illinois, y fue el primero que se ocupó del Síndrome de Peter Pan como un tema de los adultos varones que no han madurado.
[4] Bolinches, A. Peter Pan puede crecer. Grijalbo.
[5] Jazar, Daniel. Guia para entender de una vez a los hombres: Si me quieres, dejame tranquillo! Sant Andreu de la Barca: Circulo Latino, 2004. 163.

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