19 diciembre 2013

SINDROME DE MEDEA

Síndrome de Medea

Shinoda, en su libro “Las diosas de cada mujer: Una nueva psicología femenina” desarrolla la siguiente idea: “El término síndrome de Medea describe acertadamente a la mujer vengativa Hera que se siente traicionada y rechazada y que llega a actitudes extremas para vengarse. El mito de Medea es una metáfora que describe la capacidad de la mujer Hera para poner su compromiso con un hombre por delante de cualquier otra cosa, y su capacidad para la venganza cuando descubre que su compromiso carece de valor a los ojos de él”.[1]


En la mitología griega, Medea era la hija del rey de Cólquida, donde estaba ubicado el vellocino de oro, que Jasón y los Argonautas quierian tomar. A fin de apoderarse de este tesoro, Jasón, con la ayuda de las diosas patronas suyas, logró que Medea se enamorara de él, y con su ayuda, logró robar el vellocino, a cambio de casarse con él. Por su pasión hacia Jasón, Medea traicionó a su pueblo, a su padre y causó la muerte de su hermano. Luego de haberla utilizado, Jasón la abandonó, y por ello Medea buscó vengarse

El síndrome de Medea se da generalmente en mujeres, aunque también podría manifestarse en hombres. La figura pasa cuando la mujer o el hombre han sido traicionados en sus afectos, o utilizados por su pareja.

Por lo general una persona sufre por la traición y transita las etapas del duelo; sin embargo lo llega a aceptar y “pasa la página” de ese triste capítulo de su vida. Pero están los que buscan vengarse de su ex novio o novia. Buscan la manera de hacerle quedar mal. Buscan a la nueva novia o novio de su ex y le dan “consejos”. Es probable que hasta acosen a su ex con el fin de “hacerle recapacita” de sus actos, para “ayudarlo” o por que sienten “pena de que pueda perder su salvación si sigue así”.

Como sea, quienes tienen este síndrome, reconocen que deben cobrarse el  mal rato que su pasado amor les causó. Estas personas desarrollan una obsesión por su ex que luego no pueden controlar, y es necesaria la asesoría profesional psicológica para resolver aquellos pensamientos obsesivos recurrentes.

Lamentablemente hay casos, dentro del conocido síndrome de Medea, y dentro del matrimonio, en que la madre desea castigar al padre en los hijos, pudiendo llegar a matarlos.[2]

Cabe resaltar también que Medea es el símbolo del amor loco por alquien, sin querer escuchar el consejo del padre y de los hermanos. Esto se ve con frecuencia hoy en día, cuando jóvenes y señoritas avanzan en sus relaciones afectivas sin tener en cuenta el consejo y la experiencia de gente más vieja y sabia que ellos.

“Esa chica no te conviene”; “ese joven no es digno de ti”… es lo que dicen los amigos y familiares, pero ella o él responden: “Lo que pasa es que no la (o) conoces”; “sin conocerlo (a) juzgas”. Creen que los padres y amigos quieren su pesar, pero no es así. La pasión a enceguecido a aquel (aquella) joven y no entienden razones. Medea también representa a las apasionadas o apasionados que no comprenden que se debe buscar consejo.

Medea también representa a las señoritas que quieren vivir el cuento al revés, que la princesa salva a un pobre desgraciado que luego la traiciona.

Medea, más allá de un mito, o una historia que inspirado múltiples esfuerzos artísticos, nos da lecciones que nos ayudan a pensar en que debemos buscar consejo y no permitir que los pensamientos amorosos se desboquen.

Cuando el amor llega, es sabido que las zonas neuronales del placer se enervan o exacerban de manera impresionante, mientras que las zonas cerebrales del juicio crítico se quedan prácticamente apagada. Esto es así hasta que la persona “víctima del amor” llega a “despertar”, en el peor de los casos, cuando ya están casados, y lejos de sacarle el mejor partido a su situación, matan el amor con reproches y amargos reclamos.
El síndrome de Medea debe ser reconocido y resuelto. Es necesario buscar consejo y asesoría psicológica si es que se tiene una fijación con un amor pasado, a fin de poder dejar el pasado atrás.




[1] Bolen, Jean Shinoda, and Gloria Steinem. Las Diosas de cada mujer: una nueva psicologia femenina. Barcelona: Kairós, 1993. 217.

[2] Pérez Abellán, Francisco. Crimen y criminales. 2, 2. Madrid: Ediciones Nowtilus, 2010. 41.

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