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23 diciembre 2013

COMPLEJO DE CENICIENTA

Complejo de Cenicienta

Nuestra cultura actual alimenta este complejo, en las novelas, cine, radio y televisión, ya que se presenta a la podre y desgraciada chica que tiene que desarrollarse en medio de las adversidades de la vida, y de pronto espera que un príncipe azul llegue a su vida y la rescate del tormento de hacer los deberes de la vida.

Este querer huir de la realidad tiene que ver con este complejo. Entonces este es “un conjunto de actitudes y miedos altamente reprimidos que mantienen a la mujer en una especie de semi  - oscuridad, apartada del uso pleno de su mente y de su creatividad. Como la Cenicienta, las mujeres en la actualidad están aún esperando a que algo externo trasforme sus vidas”.[1]

Esto es terrible. Señoritas educadas por los medios de comunicación para ser rescatadas de lavar la ropa, tender la cama, lavar la loza o limpiar la casa. Como sea, todo lo anterior no es malo, pero se las acostumbra a verlo como alto tedioso o indigno.


Un día, miraba con mis hijas un programa en que una adolescente llegaba a ser princesa, por lo que les pregunté: “¿en qué parte de la película aparece la chica comprando en el mercado, lavando la ropa, comiendo, o tendiendo su cama”… a lo que ellas respondieron: “eso no se ve papá”.

Esa es la educación de las cenicientas modernas. Esperan que un novio aparezca para que les de la gran vida, y lo peor de todo, es que pueden llegar a idealizar a ese supuesto príncipe y cerrar los oídos  a todo consejo de los padres y amigos.

Hay que despertar al mundo real en que el esfuerzo viene siempre antes que el éxito; donde el éxito llega antes que el trabajo es el diccionario, en el mundo de adultos, solo el trabajo, la perseverancia, la creatividad  y la fe será la marca del éxito.

También, este complejo, en la niñez, es la “pauta de comportamiento infantil que se caracteriza por la creencia de que el individuo es objeto de rechazo o descuido por parte de los progenitores o, lo que es más grave, por la simulación de ese rechazo. Está íntimamente relacionado con la creencia semiconsciente de muchos niños de ser hijos adoptivos”.[2]

El niño menor puede imaginarse rechazado y esto es muy peligroso, porque comienza a dar por hecho una suposición o una situación imaginaria.

Hay que despertar. Asumir el rol  que nos corresponde y trabajar duro, sin esperar la aparición de ideales humanos, sino de gente buena que pueda ayudar a ser mejor a su amada (o). no dejemos que la imaginación se desboque. No dejemos que la imaginación vague por allí  y menos permitamos que desarrollemos esquemas mentales en torno a lo que suponemos o imaginamos.

Vivamos la vida real, seamos valientes y asumamos los retos, y sobre todo, desarrollemos el hábito de no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.



[1] Meadow, Rosalyn M., and Lillie Weiss. Las chicas buenas no toman postre. Málaga: Editorial Sirio, 1998. 188
[2] Rey González, Antonio M., and Lorenzo Livianos Aldana. La psiquiatría y sus nombres : diccionario de epónimos. Madrid: Médica Panamericana, 1999. 61

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