19 diciembre 2013

COMPLEJO DE ADONIS

Complejo de Adonis.


Comparto la siguiente cita con ustedes: “Pese a que el poder masculino ha sido trasladado del garrote del troglodita al maletín del ejecutivo (esto es figurado, el comentario es mío), la fuerza física aún es un requisito importante de masculinidad para algunos hombres y mujeres. Esta creencia puede generar en los jóvenes varones un trastorno opuesto a la anorexia femenina, pero igualmente grave: el síndrome de Adonis (vigorexia). Muchos adolescentes hombres muestran serios problemas de autoestima y autoimagen porque se perciben a sí mismos como enclenques, demasiado flacos o alejados del patrón “fornido” arcaico”.[1]

El síndrome de Adonis pasa, entonces, por ser una afección no saludable en varones que no resisten la obsesión de entrenarse para hacerse más atractivos para el género complementario. El fisicoculturismo tiene serias contra indicaciones para la salud, de allí los riesgos.



La vigorexia entonces es una patología “descrita en los años ochenta por Harrison G. Pope, un psiquiatra de Harvard. Inicialmente la denominó complejo de Adonis, o anorexia inversa, y la padecen… especialmente los culturistas…”.[2]

No es malo ir al gimnasio con el fin de tonificar los músculos, pero hacer de ello un fin en sí mismo esta fuera de enfoque. Se convierten en enfermos del espejo.

La sociedad está marcando los estándares de belleza y esto debilita a muchos jóvenes en su autoestima, por lo que buscan hacer hasta los riesgoso con tal de verse bien.

Cuando veo los comerciales en las televisión, pienso que la gente no compra un producto, sino esperanza; la esperanza de verse como la modelo si es que usa lo que ella usa, o de ser tan atractivo si usa lo que él usa. Eso es un serio problema.

Síndrome de Don Juan.

Este es el famoso picaflor. El muchacho que busca seducir a cuanta señorita (o señora) encuentre a su paso, llegando no solo a tener amores ( y a veces de grupo en grupo), sino que llega a ser un burlador de las mujeres que cayeron en sus redes, para luego presentarlas como trofeos sexuales de sus correrías lujuriosas.[3]



[1] Riso, W. La afectividad masculina. Barcelona: Oceano.
[2] De la Gándara, J. El síndrome del espejo. Barcelona: DEBATE.
[3] Fernández, A. Las máscaras de Don Juan.  Oviedo: Pentalfa Ediciones, 2013.

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