09 octubre 2013

ESMIRNA


Apocalipsis 2:8 “Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto”

El Señor Dios ahora dirige su atención a la iglesia de Esmirna y le ordena a Juan que se prepare a escribir una carta para los dirigentes de aquella zona geográfica, pero a la vez, a los cristianos de la Esmirna espiritual.

Esmirna significa “mirra” y este producto era utilizado en la elaboración de perfumes, ungüentos para embalsamar muertos, y como bebida para los dolientes. Todo esto sugiere una vinculación con el dolor y la muerte. Y es que Esmirna era una ciudad romana muy celosa de todo lo que dijera el emperador romano y el emperador que estaba de turno era Domiciano el cual emprendió una persecución contra los cristianos y fue en Esmirna donde la persecución fue muy cruda por el celo de los dirigentes de la ciudad.

Los cristianos de la Esmirna espiritual vivieron entre los años 100 y 313. En este periodo ocurrieron muchas persecuciones, pero ocho fueron importantes, a saber, las persecuciones de Trajano, Marco Aurelio, Séptimo Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Esta fue la época de los mártires perseguidos por Roma Pagana. Muchos se bautizaban sabiendo que su vida en algún momento peligraría, pero aun así, su amor por la verdad de Jesucristo los llenaba de valor y fe.

El Señor Jesús se presenta de la mejor manera para darles esperanza. El primero y el último, el Alfa y la Omega, el que tiene el control de todo, pero además, el que estuvo muerto y vivió. En otras palabras el Señor les dice a los cristianos de Esmirna:”No temas, yo también estuve muerto y viví y ahora vivo para siempre. Si eres perseguido, no temas a quienes destruyen el cuerpo, no apostates para que no pierdas la eternidad, si mueres por ser fiel, así como yo resucité, te resucitaré.”

Esmirna es la iglesia perseguida y sufriente que el Señor ama y trata de consolar. Son los cristianos de quienes Tertuliano expresó: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos conversos”. Muchos, de las turbas romanas, al verlos enfrentar la muerte con fidelidad, no solo llegaban a simpatizar con ellos, sino que se interesaban en conocer al Dios que inspiraba tanta lealtad.

El mejor sermón de los mártires fue su lealtad ante la muerte, por causa del Señor, y su púlpito, la arena del circo.

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