12 octubre 2013

EL TRONO DE SATANÁS


Apocalipsis 2: 13 “Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás”.

El Señor siempre conoce, no solo por ciencia, sino por experiencia. El Señor da una severa acusación. La iglesia mora, ahora, en el trono de Satanás.

Cuando analizamos el capítulo 7 de Daniel encontrarnos que el cuarto reino es Roma, y es representado por un monstruo indescriptible que tuvo en su cabeza diez cuernos, tres cayeron y dieron paso al surgimiento de un cuerno pequeño que hablaba grandes cosas. Luego en el capítulo 8 encontramos que hay otro cuerno pequeño que se hizo grande, y que echó por tierra las estrellas del cielo, el tabernáculo y al Príncipe de los príncipes. Estos detalles nos revelan dos cosas: primero, que Roma era la potencia que crucificó al Señor Jesús (el príncipe), pero que estaba siendo conducida por el que echó en tierra las estrellas (Satanás). Si vemos Apocalipsis 12 y 13, encontraremos que el dragón que echó por tierra las estrellas (Satanás, conduciendo a Roma, por su alusión a Daniel) le da su trono a otro monstruo.

¿Cuál es entonces el trono de Satanás?, pues, en este contexto, el trono queda en medio de siete montes: Roma (lea Apocalipsis 17).

El Señor le dice a los cristianos de Pérgamo que se han ido a vivir a Roma: “han coqueteado con Roma y se han dejado seducir”. Han sido elevados a la púrpura imperial, pero bajo un gran precio, el de vivir ya no al lado del Señor, sino al lado de su enemigo. La iglesia inició un proceso lento de apostasía.

Pero el Señor aclara que no han negado su nombre. Si leemos los acuerdos de los concilios de Nicea, Calcedonia y Constantinopla, entre otros, descubriremos que la iglesia mantuvo su fe en el Señor Trino y Uno, a pesar de las herejías que abundaron. La iglesia no negó el nombre de Dios, pero vivió con su enemigo. Hubo muchos Antipas (Contra todos), hombres y mujeres que no estuvieron de acuerdo con esta unión iglesia estado, pero fueron acallados por la iglesia perseguidora, otrora perseguida.

Esta es una terrible admonición para los cristianos de Pérgamo.

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