09 octubre 2013

EL QUE TIENE OIDOS


Apocalipsis 2:7 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”

El Señor Jesucristo mismo hace un llamado a escuchar. Él está dado una orden: ¡oigan!, ¡escuchen! Como un profesor que está exponiendo una sección muy importante de alguna materia y los alumnos están algo distraídos.



Escuchen todos los cristianos de Éfeso y pongan atención, pero, sobre todo, pongan por obra las recomendaciones que acaban de ser dadas y las palabras que vendrán. El oír para la mentalidad hebrea era también, poner por obra, es decir, poner en acción, no solo oír de manera pasiva sino trabajar y actuar en función a lo que se había oído.

Las palabras que se debían oír fueron palabras del Espíritu, pero, ¿no era el Señor Jesucristo quien estaba hablando? Este es otro versículo que nos muestra la sublime unidad entre el Padre, el Hijo y el Señor Espíritu Santo, trabajando juntos e interesados en lograr la atención del hombre a fin de poder salvarlo.

Los vencedores, los que guarden las palabras, los que las pongan por obra, los que nieguen su querer mundano y hagan vivir al nuevo hombre temeroso de Dios, los que venzan sus propias concupiscencias (deseos carnales) los que se esfuercen por ser leales a Dios, recibirán una recompensa sublime, podrán comer del árbol de la vida. Podrán vivir eternamente y para siempre, en una nueva tierra llena de dicha y perfección. Pero la recompensa es después del trabajo.

Los cristianos no nos movemos en base a la ley del menor esfuerzo, sino en base a la ley del trabajo constante, sostenido, prolijo, y perseverante. Vemos a la hormiga y aprendemos sus lecciones. Los ociosos físicos muy probablemente serán ociosos en su aspecto social, y espiritual. Los vencedores no son ociosos sino personas constante que luchan por poner por obra las recomendaciones de la Palabra.

Hoy tratemos de ser constantes en nuestras prácticas devocionales. Pero esto será muy difícil si no tenemos nuestro organismo limpio. Vivamos respetando los ocho remedios naturales, lo que nos preparará para practicar mejor nuestro aspecto espiritual. Un organismo cansado por el poco descanso, deshidratado, sin la elasticidad de la actividad física, embotado por la mala alimentación, o lánguido, intoxicado por la falta de aire puro, tendrá mayores dificultades para comprender el plan de Dios para su vida. Seamos hijos de Dios obedientes a todas sus recomendaciones.

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