15 agosto 2013

TRINIDAD


Apocalipsis 1:5 “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”

He aquí la tercera persona de la Trinidad enviando sus saludos a las siete iglesias del Asia Menor, pero también a todos sus hijos e hijas de las siete etapas de la historia del Cristianismo.

Él es el Testigo Fiel, el Omnisapiente, el lógos, el que estuvo al lado del Padre durante la eternidad pasada y existirá por toda la eternidad futura.  Cristo, como el Testigo fiel, es el que conoce todos los vericuetos de nuestra alma y de nuestra historia. Como Testigo fiel ha preservado la verdadera historia del Cristianismo en las memorias del cielo, ya que la que tenemos hoy es limitada por la falta de fuentes; la iglesia de Roma, se encargó de borrar aquello que la condenaba.

El Señor Jesús es el primogénito de los muertos. Es decir el único que ha vuelto de la muerte, pero no de aquella que sufrimos hoy los seres humanos, la cual es como un sueño y de la cual el Señor llamará a sus hijos e hijas; esa muerte es un: “Hasta la mañana de la resurrección”, la muerte que el Señor Jesús sufrió fue la muerte eterna, de la cual no hay retorno. La muerte que es la paga final del pecado. Jesucristo es el primogénito de los muertos porque fue el primero en sufrir aquella muerte, el único en volver de la ira venidera.
Se presenta como el soberano de los reyes de la tierra. ¿Pero de que reyes habla el Señor? Pues de ti y de mí, ya que fuimos hechos real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios; pero también se refiere a que Él es el Rey de reyes y Señor de señores porque toda autoridad de los hombres viene de Dios, y se las da para que sean buenos mayordomos.

En la última parte del versículo, Juan hace una alabanza a la Trinidad: Al que nos amó (Juan 3:16), es decir, al Padre; nos lavó con su sangre, el Señor Jesús; aunque este saludo podría referirse solo al Hijo, recordemos también que podría referirse sin problemas a la obra de amor de la Trinidad toda, involucrada en salvar a sus hijos de este mundo en llamas.

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