06 agosto 2013

SOLO OBEDIENCIA, NADA MENOS


Génesis 4:4-5  “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.”

“Caín se presentó a Dios con murmuración e incredulidad en el corazón tocante al sacrificio prometido y a la necesidad de las ofrendas expiatorias.  Su ofrenda no expresó arrepentimiento del pecado.  Creía, como muchos creen ahora, que seguir exactamente el plan indicado por Dios y confiar enteramente en el sacrificio del Salvador prometido para obtener salvación, sería una muestra de debilidad.  Prefirió depender de sí mismo.  Se presentó confiando en sus propios méritos.  No traería el cordero para mezclar su sangre con su ofrenda, sino que presentarla sus frutos, el producto de su trabajo.  Presentó su ofrenda como un favor que hacía a Dios, para conseguir la aprobación divina.  Caín obedeció al construir el altar, obedeció al traer una ofrenda; pero rindió una obediencia sólo parcial.  Omitió lo esencial, el reconocimiento de que necesitaba un Salvador. . .” (Conflicto y Valor, 26).

Dios desea que lo obedezcamos, eso es todo. La obediencia que El exige no es un servilismo dado a un ser opresor y egoísta, sino a Aquel que desea lo mejor para nosotros. Lo que sucede es que el diablo acusó a nuestro amado Señor de ser arbitrario y tirano.

Bueno, el argumento del diablo es que debemos ser libres, como dioses, conociendo el bien y el mal. El resultado es el VIH-SIDA, las infecciones de transmisión sexual, las para filias, los asesinatos, adicciones, violaciones, genocidios, racismo, envidias, robos, celos, violencia en el hogar, guerras, inundaciones, calentamiento global, extinción de razas, enfermedades, debilidades congénitas, etc.

¿Quiere esa libertad? No, yo no. Yo quiero la libertad que da la obediencia a las restricciones de Dios. Aquella libertad que da paz y salvación. Caín no entendió eso y quiso hacer lo que le parecía mejor. Solo obedecer a medias. Cuantos hay hoy que argumentan, “total, a Dios se le debe dar un día a la semana, sea cual fuere”, “y, total, es solo una mentirilla”, “bueno, todo el mundo roba, y este centro comercial se lleva mucha plata, un jabón no les hará nada”.

Obediencia total amigo, amiga, hoy pongamos nuestra débil voluntad humana junto a su divina voluntad y verás los omnipotentes resultados, la sencilla y genuina obediencia de Abel.

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