12 junio 2013

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO



Génesis 2:18  Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

“Después de la creación de Adán, toda criatura viviente fue traída ante su presencia para recibir un nombre; vio que a cada uno se le había dado una compañera, pero entre todos ellos no había "ayuda idónea para él".  Entre todas las criaturas que Dios había creado en la tierra, no había ninguna  igual al hombre.  "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Gén. 2: 18).  El hombre no fue creado para que viviese en la soledad; había de tener una naturaleza sociable.  Sin compañía, las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén no hubiesen podido proporcionarle perfecta felicidad.  Aun la comunión con los ángeles no hubiese podido satisfacer su deseo de simpatía y compañía.  No existía nadie de la misma naturaleza y forma a quien amar y de quien ser amado.” (Conflicto y valor, p. 15).

Luego que les pusiera nombre a todos los seres vivos, incluso a los seres vivos microscópicos (PP. 34), Adán encontró que estaba solo. Dios le sembró la necesidad imperiosa de compañía, además de mostrarle que no había nadie como él, en toda la creación. Nadie como él, de él, y para él. Estaba solo. Rodeado de vida, de mucha variedad, estaba al lado de Dios, fuente de toda vida. Pero estaba solo.

Es que Dios nos diseñó para vivir en sociedad. Entonces Dios, en su infinita sabiduría, le mostró a Adán sus planes. “le haré ayuda idónea para él”, en otras palabras, le haré alguien que le ayude, alguien como él, que provenga de él, alguien con quien él se sienta plenamente identificado, una igual a él, para que se ayuden, para que, ahora que conoce la soledad, valore y sostenga la compañía.


Puede que hoy estés solo o sola en medio de abundancia de vida. No temas. Dios te dice hoy, no es bueno que estés solo o sola. Busca a tus padres y hermanos, a tus amigos, y comienza a orar, si eres soltero, para que Dios te de sabiduría para saber elegir a tu ayuda idónea, según la buena voluntad de Dios.

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