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01 julio 2012

TOCANDO LA PUERTA




Apocalipsis 3:20 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

El drama de un grupo de miembros de la iglesia de Laodicea es que son tibios. Si fueran fríos, tendrían más esperanza, ya que al encontrarse con el Señor, caerían del caballo de sus prejuicios, vicios, orgullo, pasiones, rencores, odios y demás, para luego entregarse a Él. Si fueran calientes, no necesitarían este llamado; pero al ser tibios, es decir, indiferentes, no desean escuchar aun el llamado más duro.

Es Dios quien toca a la puerta del corazón de los indiferentes. Es por ello la voz condicional de Dios: “si alguno oye”. ¿Cómo no podría ser oída la voz del que toca? Esto es posible por la indiferencia extrema de los habitantes de esa morada quienes están tan seguros de su estado que no necesitan más.

Por otro lado los que abran la puerta desde adentro, porque el Señor no lo puede hacer desde afuera debido a la libertad que nos regala, disfrutarán de la compañía divina en sus mentes, alegría comparada con la experiencia bíblica de la cena simbólica.
En la Biblia se encuentran la Cena de Pascua, la Última Cena, y la Cena de Bodas del Cordero. Tienen algo en común, todas tienen que ver con la liberación del pueblo de Dios. Lo que Dios ofrece a quienes abran la puerta del corazón es libertad de sus cadenas opresoras de maldad.
Es una promesa llena de significado y verdad. Hoy busquemos abrir el corazón a Dios como nuestro Rey, Amigo y Salvador.

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