30 junio 2012

UN BUEN PADRE




Apocalipsis 3:19 “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.

A lo largo de nuestra experiencia religiosa hemos aprendido del amor incondicional, misericordioso, amplio y total del Señor para con nosotros, sus hijos. Es muy difícil que podamos comprender por ello este versículo. ¿Cómo un Dios tan tierno y amoroso nos puede castigar?
Es que Dios es muy tierno y misericordioso, pero comprende también que por amor se deben poner fin al sufrimiento y decadencia de las personas que ama. Él puede porque Él es Dios. Él nos conoce; Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos.
Dios no desea que sus hijos se pierdan y para evitarlo permitirá que cosechemos las papas que hemos sembrado con nuestras malas elecciones, pero aun con ello tiene el propósito de llevarnos a la reflexión y a la salvación.
Dios nos llama a través de las consecuencias de nuestros errores a un arrepentimiento genuino. A un abandono de nuestros malos actos.
Hoy busquemos ser hijos leales a Dios.

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