16 febrero 2012

UN NUEVO NOMBRE




Apocalipsis 2: 17 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

La orden constante de Dios es “¡escucha!”. Y el escuchar implica no solo el mero hecho de oír, sino que ingrese en el cerebro y no salga por el otro oído; de que “se haga carne”; de que pase a ser de un mero hecho intelectual a una experiencia de vida.

El Espíritu al igual que el Padre y el Hijo, está muy interesado en que las iglesias escuchen las recompensas que se darán a los vencedores, ojo, vencedores; no a los de la ley del menor esfuerzo; no a los que no se comprometen; no a los que dicen: “de que se trata para oponerme”; sino a los que siguen al Pastor Divino por donde quiera que va. Estos son los vencedores, son los que andan tras los dictados del Pastor Cósmico por dondequiera que va.

Se les ofrece el maná escondido el cual mantuvo en medio del desierto a los peregrinos liberados de Egipto. Pero ¿qué o quién es el pan que vino del cielo? Cristo es el pan del cielo (Juan 6:32). Él es el pan de vida. En una época en que la Palabra santa de Dios estaba siendo reemplazada por herejías, se ofrece como recompensa el pan de vida; en otras palabras, la bendición del verdadero conocimiento (Juan 17:3), el conocimiento de Cristo, el pan de Vida Eterna.

Además se promete una piedrecita blanca, pero no solo eso, sino con un nombre nuevo; esto alude al cambio de nombre de Jacob, por el de Israel. El perdón de Dios en un cambio de carácter. El carácter fruto de una experiencia personal e íntima.

En una época en que la apostasía estaba gestándose y muchos sucumbían ante las lisonjas de Roma, además de que miles se bautizaban sin una verdadera y genuina conversión, Dios sostuvo un remanente, al cual le concedió el verdadero conocimiento, en contraposición del conocimiento gnóstico, y un nuevo nombre o carácter, en contraposición del nombre y carácter que asumió la iglesia: católica romana.

Esta es la recompensa para el remanente del Señor en esta etapa de la historia del cristianismo.

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