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08 febrero 2012

SIMBOLOS DECODIFICADOS




Apocalipsis 1: 20 “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”

El mismo Señor Jesús se pone a explicar a Juan los primeros símbolos del Apocalipsis. Las siete estrellas a su mano derecha con las siete lámparas. Son las siete luces, iluminan el mundo con la esperanza en la salvación provista por el Señor Jesús desde su muerte y ministrada desde el Santuario Celestial.

Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias. Son los ministros y mensajeros de la Palabra de Dios de toda la era cristiana, quienes llevaron el mensaje de Señor a todos los rincones de la tierra con el único interés de llevar al conocimiento de la verdad a los seres humanos que estaban extraviados en el error de creencias paganas o falsas.

Los siete candelabros son las siete iglesias que iluminaron todo el Asia Menor romano, pero tambien de manera simbólica, que iluminaron sus respectivas épocas a los largo de la historia del cristianismo.

Estos candelabros no brillan con luz propia, brillan porque tienen a la Luz del Mundo muy cerca, en medio de ellos. El Señor Jesucristo vela por que su pueblo lo represente correctamente, y si su pueblo no es fiel, la luz le puede ser quitada. Pero la esperanza es que el Señor siempre tendrá un remanente para llevar adelante el avance de su obra.

Tanto Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea fueron iglesias reales de fines del siglo primero, pero también son símbolos del estado que viviría la iglesia a través de siete periodos proféticos, y aun en los momentos más críticos, el Señor mantuvo y mantiene un remanente.

Es este pueblo fiel el que recibe, valora, atesora, obedece y vive en la esperanza del último libro de la Biblia, el Apocalipsis.

El capítulo 1 inicia con la explicación de cómo llegó el Apocalipsis hacia nosotros, y finaliza en los últimos dos versículos con una aparente continuación del saludo, explicando que Juan debe escribir la revelación y llevarla a los mensajeros de las siete iglesia.

El mensaje central del capítulo 1 podría ser: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”. Dios vendrá por su pueblo. El que está preocupado porque su pueblo conozca su voluntad, volverá para encontrarse con los bienaventurados que atendieron su revelación.

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