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07 febrero 2012

SU VOLUNTAD POR ESCRITO






Apocalipsis 1: 19 “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”.

Aparentemente este es un versículo corto y está claro que es una orden a escribir para Juan, pero podemos ver algunos elementos notables. La orden de escribir fue dada a Moisés (Ex 17:14; 34:27), a Isaías (Is 8:1; 30:8), Jeremías (Jer 36:2, 28), Ezequiel (Ez 24:2), Habacuc (Hab 2:2), y a Juan, entre otros. Y es que las Escrituras no fueron hechura pura de hombres buenos o piadosos, de hombres que querían consolar a su iglesia.

Las Escrituras fueron traídas no por voluntad de hombre, sino por voluntad de Dios, porque fue su iniciativa que los profetas y hombres de la antigüedad escribieran en libros las cosas que iban recibiendo.

En esta orden dada a Juan, observamos el proceso de escripturización de la Palabra de Dios. Un proceso en el que intervienen Dios, y el profeta. Toda la Escritura es inspirada por Dios (2 Ti 3:16), santos hombres escribieron siendo inspirados, conducidos, dirigidos, llevados, guiados, por el Espíritu Santo (2 Pe 1:21).

El Apocalipsis es un evangelio de esperanza para un pueblo atribulado, que muestra los eventos que fueron y serán.

La Palabra de Dios es una luz en medio de las tinieblas del futuro. Es la brújula segura que sirve de guía para los hijos de Dios de la era cristiana. El barco del pueblo de Dios llegará a puerto seguro gracias a que Dios dejó claros lineamientos a seguir. La Biblia es nuestra refulgente estrella, nuestro norte en mares tormentosos, nuestro faro que señala que estamos cerca a las arenas de la eternidad.

Dios estaba muy interesado en que su pueblo pudiera contar con la información sobre su futuro, a fin de que pueda confiar en que Dios lo guiaría siempre, aun en los momentos más oscuros de la historia de este mundo. Dios no abandonaría a su remanente aun cuando la mayoría apostatare. Aun cuando los ejércitos del enemigo quieran borrarlos de la faz de la tierra, el enviaría adalides que lo protejerán, aun los elementos naturales servirían a sus propósitos de ser necesario.

Hoy tenemos la voluntad de Dios en blanco y negro, tenemos su voluntad clara redactada en un libro, la Biblia que haríamos bien en estudiarla con detenimiento, leerla, meditar en ella y atesorarla en la mente, viviendo a la altura de sus enseñanzas, porque los días son malos.

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