13 febrero 2012

¡ARREPIENTETE!




Apocalipsis 2:5 “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.”

Aquí el cristiano tiene que plantearse dos cosas:

1.     Dios está hablando, y cuando Dios habla se obedece. Él está en el trono, por lo tanto es el Jefe, el Rey, y el que manda; segundo, es el Creador, el que hizo todo y aun a nosotros mismos, por lo tanto, aunque nos da la libertad, tiene derechos a darnos órdenes; tercero, es el que está del lado correcto en el Gran Conflicto milenial y quien premiará a los que salgan vencedores. Por lo tanto, Dios el Señor nos da la ORDEN de recordar, pero recordar ¿qué?

Simple, recordar de dónde hemos caído, cual a sido nuestro declive, donde se inició nuestra separación del Señor, ¿fue un vicio? ¿Fue un ser amado el causante de nuestra separación del Señor? ¿Fue algún trabajo? ¿Fueron los estudios? ¿Fue algún maltrato? ¿Fue una oración no contestada?

No sé, pero la orden es que recordemos  de donde hemos caído, cual fue la piedra en la que tropezamos.

2.     En segundo lugar, la otra orden es: “arrepiéntete”, y está en imperativo no porque Dios te quiera mangonear por su puro gusto, sino, como la voz de un padre que está listo a restaurarte; pero no lo puede hacer si no das el primer paso, porque respeta tu libertad, y ese primer paso es arrepentirte.

Deja tus lastres, cambia de dirección, toma otro rumbo. Dios desea que tú seas otra u otro. Vuelve a hacer las primeras obras, a ser el de antes, antes de que te enfriaras.

La advertencia para los cristianos de Éfeso fue que si no cambiaban su actitud fría, el Señor vendría pronto para quitar el candelero de su lugar. Esto es grave. Cómo quitar la luz que ilumina la senda. Pues es posible si la luz ya no ilumina. Somos luces en un mundo de oscuridad, pero si la luz ya se apagó en nuestras vidas ¿Qué haremos? Pues ir a la fuente de luz y verdad y reconectarnos con el Soberano, Creador y Adalid de nuestras vidas, Dios.

Hoy es necesario que escuchemos la voz del amoroso Señor llamándonos a deponer nuestras “armas” humanas de lógica e ideologías, y volvamos a sus tiernos brazos para conocerlos a través del estudio de la Palabra, la oración y la testificación personal.

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