18 enero 2012

LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO


Apocalipsis 1:1 “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.
Uno de los anhelos más grandes del Señor es revelarse y esto se ve en la primera frase del libro de Apocalipsis, que por cierto, significa “Revelación”. Esta es la revelación de Jesucristo, es decir, es como un último evangelio que intenta continuar la obra informativa y guiadora de las otras cartas y evangelios neo testamentarios.
La iglesia, a fines del siglo I, cuando fue dado el Apocalipsis a Juan, estaba bajo ataque. Había sido perseguida ya por los judíos y luego por Nerón, y en esa época estaba perseguida por el emperador Domiciano. Pronto vendrían ocho persecuciones más.
A una iglesia perseguida y sufriente, el Señor le revela la obra de Jesucristo en su favor. Quisiera reflexionar en que, quien está interesado en mostrar la obra del Adalid de la Verdad (El Señor Jesús) es nada más y nada menos que Dios el Padre. Hoy en día podemos cometer el error de enfatizar solo a la persona del Señor Jesús y dejar de lado a la persona de Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo, lo cual no está bien.
Dios el Padre está tan interesado como el resto de la Deidad en salvar al hombre y por ello envió a su siervo Juan, por medio de su ángel, la profecía de la obra y ministerio del Señor Jesús a favor de su pueblo perseguido y sufriente a través de todos los siglos.
Fue su ángel, en calidad  de mensajero, quien llevó la revelación. Estos son espíritus ministradores que sirven a los propósitos del Señor y cuidan a  los hombres que temen su nombre.
El don de profecía del siglo I que se desarrolló en Juan sirvió para brindar consuelo y ánimo a un pueblo perseguido por el imperio romano y golpeado por las falsas enseñanzas herejes que circulaban en la época. El diablo no quedó en paz y poco tiempo después extravió a un hombre llamado Montano el cual enseñó que tenía el don de profecía. Sus enseñanzas y vida estuvieron fuera de foco por lo que la iglesia retiró su confianza en este don poco a poco.
Hoy, nosotros estamos en una lucha en el mundo que quiere minar la fe en el don de profecía bíblico. Estemos atentos y no dejemos que el regalo e intención divina de querer orientarnos y consolarnos a través de sus profetas, quede sin efecto.

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